MLFC Presente

octubre 5, 2008

Me preguntaba si este mes debía ser diferente a los demás. O si estos días debía dejar de hacer, o hacer de más. Por ejemplo dejar de escribir, que este sitio sienta un mes de ausencia. Pero me respondí que no era justo. Todo lo contrario, las cosas debían seguir su curso, y el recuerdo y las emociones merecían también formar parte de este lugar. Esa fue mi respuesta a mi pregunta, la cual me parece lo más ajustado a mi deseo de no dejar pasar esta fecha sin un humilde tributo a alguien más que especial para mí, y mi familia.

Con la certeza de sentir
que en cada instante,
en cada minuto,
en cada amanecer o
en cada expresión de la Naturaleza,
al igual que en mi corazón,
ella está presente,
le dedico este video

Epitafios

junio 8, 2011

Epitafios. Un epitafio es el texto que honra al difunto, la mayoría normalmente inscrito en una lápida o placa. [Wikipedia]
La primera vez que lo pensé la idea me pareció un tanto tenebrosa. Me dio un poco de miedo, tal vez sembraba eso en los demás. A medida que fue pasando el tiempo, pensar que podía ser una guía de vida y desvincularlo con la muerte me pareció una buena idea, despegarlo de la muerte. Tal es así que hoy lo he adoptado como filosofía, por llamarlo de alguna manera.
Existen muchos epitafios famosos. Sólo es cuestión de poner las palabras adecuadas en algún buscador de Internet, y nos depositará en frases resumidas que fueron la resultante de muchas vidas, por lo general de personas que, por alguna cuestión, fueron famosas o trascendentales para una gran cantidad de gente, o incluso para la humanidad, sin importar el juicio de valor que se haya hecho sobre sus acciones en vida.
Fue cuando comencé a descubrir las vidas concluidas en tal solo una frase, y me pregunté ¿por qué no la mía?. Estoy convencido que no hay edad para trascender. Pero si que hay que tenerlo en mente, o estar dentro de nuestros objetivos. Al menos haberlo pensado una vez, y estar disponible para ello.
Y ahí es cuando comencé a indagar sobre el final. Una de las pocas certezas de nuestras vidas, además de nuestro nombre y fecha de nacimiento. Era tan sólo cuestión de acelerar el tiempo, apretar la tecla de forward, adelantar, ir hasta donde se acabe la cinta, hasta que la casetera haga “tac”, hasta que la pua del tocadisco de vueltas infinitas sobre el surco periférico que indica que la música se acabó, el disco terminó.
Era tan sólo cuestión de animarse y llegar hasta la frontera. Esa delgada línea que separa la vida conocida de aquella vida desconocida. He leído algunos escritores que dicen que cruzada esa frontera, nos encontramos en el mismo lugar que estuvimos antes de nacer. ¿Será posible recordarlo? Al menos da alivio pensar que ya hemos estado allí.
Al margen, un epitafio es algo que sintetiza lo que fue nuestra vida terrestre, nuestro paso por el Planeta Tierra; ¿hemos dejado huella? ¿o seguimos las pisadas de otros?. Cuando digo nuestro paso por la Tierra, es el concepto de vida que todos conocemos. Pero entonces me preguntaba por qué no poner nuestro epitafio, hasta hoy seguramente desconocido, como un objetivo rector de nuestra vida. Una directriz que defina nuestros actos, lo que queremos ser y lo que no queremos ser. Tal como queremos que seamos recordados instantes después de haber cruzado la frontera. Suena fuerte cuando nos chocamos con ese pensamiento por primera vez. De hecho a mí me sigue resultando un tanto impactante leerlo y más aún si lo hago en voz alta. La voz se escucha con esos altibajos que no podemos controlar, es nuestra alma la que lee y no comprende de cuerdas vocales ni tonos de voz: pero se comunica perfectamente. Pero es innegable que ese pensamiento, que algunos podrán calificar como “siniestro”, o quizás podamos negociar en “angustiante”, luego de un paseo nos deposita directamente en donde habitamos: en el presente. Inmediatamente nos trae de regreso a donde nunca dejamos de haber estado. Al campo de la acción, donde podemos hacer. Nos hace reaccionar. Lo imagino como un shock eléctrico que automáticamente dispara ciertos cuestionamientos como ser “¿qué estas haciendo de tu vida?”, “¿estás de acuerdo con la mayor parte de cosas que haces?”, “¿estas omitiendo algo importante que se pospone día a día por típicas excusas humanas que no hacen más que demorar nuestro accionar?”, “¿coincide tu yo interior con el que es percibido por los demás?”. Yo diría que lo ideal sería que nuestra voluntad acompañe cada segundo de nuestra consciente existencia. Aunque muchas veces olvidemos cuál es nuestra voluntad, tomarse unos minutos para reflexionarlo no es mala idea.
Pero adelantar hasta el final de nuestra vida creo que nos regala instantáneamente la invalorable reacción de devolvernos al aquí y ahora. De regreso a casa. Qué alivio.
Y tener nuestro epitafio bien presente, y cuando digo presente es haberlo pensado y sentido al menos una vez en nuestra existencia, hace que se transforme en un lineamiento directriz en el resto de nuestros actos. En algún momento podremos desviarnos, pero no será perder el rumbo hacia donde queremos llegar. Como cuando nos acercamos a una montaña, podemos visualizarla desde lejos, aunque estando bien cerca de ella podemos perderla de vista. Pero siempre habrá algo de él en nuestras acciones, puedo asegurarlo.

Le gustaba emocionar a las personas. Si se preguntaban cual es el mío, ya lo conocen.

desde la pared sur (y no precisamente la de Aconcagua)

mayo 13, 2011
desde la pared sur

desde la pared sur

al juzgar por su edad, cualquiera de nosotros (o todos), podríamos decir que esta atravesando la “edad del pavo“.
o que se encuentra en la plenitud de su adolescencia.
su andar dubitativo, a veces lento; se da vuelta de repente en una vereda y te lleva por delante, sin querer.
el hecho de escuchar música “fuerte“, o mejor dicho, a gran volumen; o mejor aún, al volumen necesariamente alto para que los demas sepan que le gusta “ese” grupo, o que está en la última moda.
el acné característico está presente, y si no lo fuera sería algo raro, aunque particularmente no recuerdo haberlo sufrido demasiado.
al juzgar por sus catorce años y monedas, el hecho de estar atravesando la secundaria lo hace pertenecer a ese escalón donde uno no es lo necesariamente adulto para ciertas cosas, pero tiene la suficiente edad para otras.
la inestabilidad e inquietud característica que intentan comenzar a dar las últimas pinceladas a la identidad, y su personalidad.
el no darse cuenta que hace cosas que invaden a otras personas, o simplemente molestan porque superan ciertos límites, también hacen ver que es todo un adolescente, si a edad cronológica nos referimos…

pero este no es el caso.
tiene catorce años “bien puestos“.
desde que lo conozco es selectivo con sus relaciones, y con sus vínculos.
nació comprometido y sincero, como sus fundadores.
sus tutores poseen esa magia de saber quien puede llegar a mimetizarse en él sin dejar de poner su cuota de personalidad, y al mismo tiempo dan la oportunidad a quienes podrían estar en la frontera y de sólo ellos depende dar el paso o no, de pertenecer.
sabe guardar secretos, puedo asegurarlo.
aprendió a confiar de a poco, y pocas fueron las veces que perdió la confianza por completo.
siempre habló, sólo había que estar atento a lo que decía, o interpretar los mensajes que aparecían resonando en alguna de sus campanas. mejor dicho, siempre comunicó: gestos, miradas, posturas, y de vez en cuando palabras.
fue por momentos asmático, hasta que se dió cuenta que había situaciones que lo llevaban a tal asfixia, sólo era cuestión de identificarlas.
sabe de rondas de sensaciones, y a pesar de su revolucionaria edad, puede contactarse con sus emociones.
evita juzgar y participar en juicios de valor. para que se entienda, no es una frase armada. juicios de valor = bien o mal, blanco o negro, si o no.
aprendió a darle color a la vida, y de ahí nos enseñó que sí existen grises, más allá que a veces nos hayamos sentido en el limbo (o si quieren ponerlo en otras palabras “tocando fondo“).
lo bueno de tocar fondo es que no se puede ir más abajo; lo que resta es encontrar la forma de empezar a elevarse con mayor seguridad de la que se llegó hasta allí.
conoció días radiantes, calurosos, grises, de grandes tempestades y tormentas que parecían boicotear el espacio, pero no pudieron, nadie ni nada.
el recien haber comenzado o estar terminando el año, nunca lo hizo dudar acerca de la intensidad de sus temas.
los éxitos, los fracasos, nuestras zonas oscuras y no tanto, nuestras miserias, ninguno de ellos se toman vacaciones. ¿por qué habría que dejarlas de lado o darles descanso?
conoce de horarios, de ganas de trabajar y también de desgano. detecta incomodidades, inseguridades y así también elije compañeros que arrojan un salvavidas, desde donde sea. siempre salió al rescate por cualquiera, aunque se esté yendo, siempre.
no es para nada orgulloso. no conoce el olvido, pero si se olvidó el rencor y la venganza en algún punto de todo su aprendizaje, aunque no se de cuenta.
aprendió a poner límites, y los supo mantener a pesar que al principio el costo parecía ser muy alto; sostenerlos quizás es más complejo que fijarlos.
se enojaba, y mucho. canalizó sus enojos expresándolos. supo que detrás de esa “máscara” podía haber algún mensaje. y hasta el día de hoy trata de enseñarnos que de nada sirve acumularlos.
la ansiedad no pudo detenerlo. de a poco fue desactivando ese mecanismo que tan sólo generaba malestar. aprendió a esperar, aunque muchos no le hayan tenido la paciencia que necesitaba.
transitó momentos difíciles. incorporó a la muerte como parte de la vida, aunque sea difícil de entender. o mejor dicho, siga soprendiéndonos a pesar de ser una de las pocas certezas. supo buscar compañía para encontrar alivio al transitar duelos o despedidas.
la vida es frágil, escuché muchas veces. y siempre la visualicé como un finísimo y delgado hilo. nunca sabemos cuando se cortará, pero podemos prevenirnos lo mejor posible para que ello ocurra en su debido tiempo.
desde aquel día decidí vivir al día con mis sentimientos, aunque muchas veces cueste llevarlo a la práctica.
nos cuidó exponiendo nuestros descuidos en palabras y llantos. nos enseñó que hablando los dramas no son tales, o al menos su intensidad disminuye. hablar de nuestros conflictos invita al alivio a estar presente. irse más aliviado de como uno llegaba era un gran paso.
nos ayudó a apartarnos de viejos lugares incómodos que sólo manteníamos “porque sí“, porque es mi rol o siempre lo fue. a estar un poco ausente a espacios en donde tan sólo estaba la obligación de estar allí.
no le dio tanto lugar a la culpa, más bien siempre buscó responsabilidades. a hacerse cargo. ¿quien se anota?
nos devolvió puntos de vista, aunque a veces los hechos hablaban por si sólos y no los podíamos reconocer.
nos ayudó a deshacernos de ese mecanismo de aparentar escuchar a las personas, y contestar con ese guión armado que muchos tienen, y muchos más no se dan cuenta que lo tienen. ¿cómo estas? ¿todo bien? me alegro.
presente estuvo siempre, hasta hoy mismo.
pero este “adolescente” decidió cambiar, y en los cambios aprendimos que perdemos y ganamos, siempre.
y dicha esta descripción a la que podría seguir agregando cualidades, bien a la vista está que el rótulo de adolescente no le cabe más, si es que alguna vez lo fue.
cerrar una etapa no es morir. ni dejar de existir.
tiene un lugar reservado en el corazón de los integrantes que supieron valorarlo. algunos tan sólo lo recuerden con la memoria, otros lo llevaremos presente en nuestros corazones.
el sentimiento es atemporal, no reconoce segundos ni años.
cualquiera de sus miembros podrá remontarse a alguna sesión y recordar una anécdota, que lo ayudo a hacer un cambio en su vida. o que al menos lo hizo ver que existe el cambio, sólo es cuestión de proponerselo. que las oportunidades existen sólo hay que estar disponibles para ellas, y que desde el “valle de la queja” puede no verse ese filo que nos puede llevar a la cima, o al menos a intentarla. y que si hay mucha niebla es cuestión de caminar de a poco para buscar que se despeje, tener paciencia y esperar.
evolucionó y será sin dudas nuestro soporte espiritual.
inclusive en esta despedida también nos deja otra enseñanza: soltar para crecer dijo una compañera.
sabe que, aunque el espacio ya no existirá, si lo seguirá haciendo la red que supo formar.
sin dudas que hablo del grupo, el de los martes, que no tiene un nombre, pero sí tiene un alma infinita.
es el grupo de Nora, y de Guille… Simplemente Gracias!

Fin de año 2005

Fin de año 2005

Fin de año 2009

Fin de año 2009


La última configuración - 2011 - "Soltamos para crecer"

La última configuración - 2011 - "Soltamos para crecer"

Chañi Carta 1

abril 16, 2011

Chañi

me preguntaba qué he venido a buscar al Chañi, a esta experiencia tan movilizante que sólo cuando uno la vive en carne propia sabe de qué se trata. El interrogante aún continúa pero en menor escala. Creo que el aislamiento de absolutamente todo de lo que cotidianamente uno acostumbra llamar MUNDO se hace sentir, y que esto ocurra considero que no es bueno ni malo, sólo hace sacar a la luz las cosas esenciales que realmente tienen valor en nuestra vida, y que cuando ahí estamos (en nuestra cotidiana vida) ni cuenta de ello nos damos.

Quizás sea un poco triste tener que pasar por estas experiencias para dar cuenta de esto, pero que bueno que felizmente tenemos la oportunidad de hacerlo. Tampoco significa que no valoremos lo que tenemos, quizás cuando regresemos todo tenga más valor del que solíamos darle.

Y cuando uno se encuentra con personas tan puras como Virginia, es ese momento que nos vemos vestidos de contaminación y queremos contactarnos tan sólo con nuestras emociones.

Emociones: es eso lo que he venido a buscar al Chañi. O más bien la sensibilidad perdida que todos sabemos que contamos, pero que muchas veces se ve bloqueada por esos “no se qué” que no nos permiten avanzar con nuestros proyectos en todo sentido.

Y si de emociones se trata con sólo escuchar las palabras de Virginia y su simpleza, y esencial amabilidad para con el prójimo, seguramente uno se encuentre contactado con el corazón, y toda la historia que lleva detrás de esa hermosa alma.

Es ahora, escribiendo, que me doy cuenta que lo que he venido a buscar al Chañi, en realidad, lo llevaba dentro.

Es verdad, sin dudas todo este contexto de naturaleza, soledad y carencias, es lo que produce que uno mismo se contacte con lo más profundo que tiene en la vida, y esos son nuestros afectos.

Esos tesoros que no están a simple vista, pero que son el motor, además de nuestros desafíos personales, para que esta experiencia nos hagan dar el verdadero valor a los vínculos afectivos que cada uno de nosotros tiene.

No me animo a llamar “sufrimiento” por lo que hemos pasado. Creo que sería una falta de respeto a las personas que luchan día a día por no tener ni si quiera con qué alimentarse. Más aún cuando esta experiencia fue elegida por cada uno de nosotros. Pero si estoy completamente seguro que cada uno de nosotros disfrutará mucho más que antes, de las cosas simples de la vida, como abrir una canilla y beber un vaso de agua.

Y creo que va de la mano en este “desafío” que nos pusimos como meta, el hecho de alcanzar una cumbre o quedar en el intento. Y desde ese punto de vista “exitista” de la vida, más bien yo diría que el alcanzar una cumbre no es quién ha llegado más alto, sino quien ha tenido la facultad de “hacer cumbre” desde una visión humana, más allá del tecnisismo. Y eso no se ve en una foto.

Escrito el 6 de Mayo de 2010, en Ovejería, por Diego M. Cesario

p.d. gracias Gaby por lápiz y papel!

Carta I

En Ovejería, con Witto, Javi, Virginia, Gaby

Por otro año lleno de aventuras

diciembre 27, 2010

Primero que todo (Mario Benedetti)

diciembre 6, 2010

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.

Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.

Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.

Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.

Mario Benedetti.

Primer intento al Domuyo, el que tiembla y rezonga

noviembre 30, 2010
Camino a Varvarco

Camino a Varvarco

Qué puedo decir. Una semana después de haber regresado del silencioso ambiente de montaña, aquí de regreso en la ciudad de Buenos Aires.
Duele ese contraste que nos sucede a los montañistas, cuando vilentamente se nos devuelve a la realidad urbana en la que, muchos de nosotros, vivimos.
Volver a nuestro ambiente habitual de un lugar completamente desolado, excepto por nuestros compañeros de aventura, y la fauna que eventualmente uno encuentra, nos permite dar cuenta de las cosas que no están bien. Esas cosas que hacemos a diario y que, gracias a estos contrastes, nos permite darnos cuenta que tanto nos molestan, nos violentan, nos irritan.

Camino al Campamento Base

Camino al Campamento Base

La naturaleza inóspita, el paisaje desértico, la inexistente probabilidad de encontrarse con alguien caminando algún sendero, es lo que hace únicos a estos lugares.
Lo bravo del clima. Pensar que la fina y delgada tela de una carpa puede definir entre la vida y la muerte. Un abrigo, el ser consciente de lo penetrante del frío en nuestras extremidades. Nuestra mente cambia radicalmente sus preocupaciones. Preocupaciones que yo llamaría más primitivas de lo común.
Somos nosotros mismos llevados a un contexto completamente diferente al que estamos habituados. Y en este contexto, ¿seguimos siendo los mismos o comenzamos a ser realmente quien somos? Vivimos más esencialmente cada momento, a diferencia de los rutinarios y racionales días aquí, en la civilización.
Pero no se porqué motivo me estoy yendo por otro camino. En un principio este post quería narrar mi experiencia en el Domuyo, conocido erróneamente como “Volcán Domuyo”. Es verdad que hay actividad geotermal en las zonas aleadañas, y formaciones volcánicas que lo rodean, pero según lo que pude investigar en Internet, no es un volcán.

Paisaje desde Campamento Base

Paisaje desde Campamento Base

Esta experiencia estaba partida en dos. Desde que se me puso en la mente la idea de ir a esta expedición, sabía que había una expedición hasta determinado punto del camino, y otra expedición completamente diferente a partir de ese punto.
El punto del que hablo, para los que conocen, han leído o han tenido la oportunidad de estar ahí, es al que se llega alrededor de los 4.000 metros sobre el nivel del mar. Aquí comienza el nevé, o el planchón de nieve con mayor pendiente de todo el recorrido. Lamentablemente famoso, por los accidentes que han ocurrido en dicha zona. Este tobogán de nieve, desemboca directo en un glaciar, siendo incrementada su dificultad de tránsito por el viento que hace inconfundible a la zona: la Cordillera del Viento.

Camino al Filo

Camino al Filo

Cuando hablo de dos experiencias completamente diferentes, debo comentarles que no tuve la suerte, o mejor dicho, no hemos tenido todos los integrantes de esta expedición del 16 de Noviembre, en conocer la segunda parte. Luego de haber permanecido tres días en el campamento base armado a los 3.000 / 3.100 metros sobre el nivel del mar (campamento que suelen llamar “La Lagunita”), el cuarto día era nuestra última oportunidad de intentar la cumbre. Ese día, al igual que los anteriores, el viento en el campamento base era una constante. Y se lograba a concluir: si las carpas se sacudían con las ráfagas de viento, sabíamos que lo que nos esperaba más arriba era algo similar, o exponencialmente incrementado por la falta del reparo al llegar al filo de los 3.800 metros.
Y así fue. Llegamos al filo, y el viento por momento lograba tumbarnos. Cuando vi el gesto del guía que coordinaba al grupo, y su mano indicaba el descenso, se me vinieron muchos pensamientos en ese instante. En primer lugar, sabía que llegaba sano y salvo a mi hogar: desandar el camino realizado no presentaba mayores dificultades. En segundo lugar, recriminaba (no se a quién o a qué): qué injusticia! con lo que cuesta entrenar duro, hacerse el tiempo, contar con los recursos (desde el equipo, el transporte, etc.) y dejar a nuestros seres queridos un tanto preocupados por la actividad que realizamos. Y en tercer lugar se me venía a la mente la pregunta de cuándo será la próxima vez que pueda transitar ese mismo sendero; si será la primera y última vez que mi existencia se encuentre por esos lugares. Y siempre, siempre, se mezcla ese interrogante que se me produce al escuchar a Joaquín Sabina recitar “al lugar donde haz sido feliz no deberías tratar de volver“. ¿Será realmente así?

Paisaje desde los 3.800

Paisaje desde los 3.800

Ascenso al Cerro Champaquí en un día | Provincia de Córdoba | Argentina | 2790 msnm

noviembre 28, 2010
cumbre del cerro champaquí
Hoy más que nunca, le hizo honor a su significado: “con agua en la cumbre”

Consideraciones Generales

Esta página pretende narrar nuestra experiencia en el Ascenso al Cerro Champaquí, realizado durante el día 6 de Noviembre de 2010. El sendero transitado fue el que comienza en Villa Alpina, y el objetivo de nuestra aventura era alcanzar la cumbre y regresar a la Va. en el mismo día. Y así fue.

A esta altura no se realmente si existen fundamentos para explicar lo que hemos hecho. En realidad sí, se me viene a la mente que lo hicimos porque el año anterior no pudimos lograr el objetivo completo. Pero esa respuesta sería un fundamento enmascarado de la verdadera causa que originó esta idea. Podríamos decir que uno de los fundamentos es el simple hecho de probar nuestra resistencia, y con el fin de lograr un entrenamiento similar a una jornada de “intento de cumbre” (o “ataque a la cumbre”, como quieran llamarlo) en cualquier otra montaña. Aunque particularmente en esta, la intensidad está dada más por la distancia transitada (aproximadamente 40 kilómetros entre ida y vuelta) que por algún otro condicionamiento del contexto (como podría ser la altura).

Si bien la altura del Co. Champaquí no supera los 3.000 metros sobre el nivel del mar, con mis compañeros de equipo pensábamos, allá arriba mientras nos dábamos el gusto (y la recompensa) de almorzar tranquilamente en la cumbre del Co., si el champaquí tuviera 2.000 metros más de altura (es decir, que acariciaría los 5.000 metros sobre el nivel del mar en nuestra imaginación), sería imposible.

Me tomo el tiempo para escribir esta “historia” con algunos objetivos, desde dejar plasmada nuestra experiencia hasta para recordar los momentos vividos en ese día interminable.

Creo que es necesario hacer un alto para que el lector entienda que esta experiencia no ha sido un “capricho”, o una “locura”, de algunas personas que un día se levantaron temprano, y que como no podían conciliar el sueño, en lugar de salir a caminar y hacer el recorrido en el tiempo estimado que suele realizarse, se levantaron a la madrugada y dijeron “¿por qué no ir y volver en el día?”. Bueno si estaban pensando eso, lamento comunicarles que estaban equivocados. Planificamos, no fuimos improvisados.

¿Quienes Somos?

Es bueno que sepan quiénes están de este lado. Y como mencionaba en el párrafo anterior, no somos unos improvisados que un día llegaron a la oficina de turismo de Córdoba y preguntaron ¿a dónde podemos ir?, y nos gustó el desafío de ascender al Champaquí, y encima en un sólo día.

Fotógrafo oficial de nuestra aventura

Atravesando la Pampa de Achala, detrás las Sierras Grandes

En la cumbre del Champa, cargando energía

Tanto Adrián, Ale y quien les escribe, hemos transitado las sierras (grandes) cordobezas en una gran cantidad de oportunidades y modalidades (más de una decena cada uno de nosotros). En un inicio lo hemos hecho con empresas, como corresponde; es decir, con guías de montaña que conocen por demás los senderos. Las hemos transitado de un lado al otro (es decir desde Los Hornillos o desde Va. Alpina), con climas favorables y climas adversos (lluvia, agua nieve, nieve, granizo, ráfagas de viento, etc.). Hemos tenido la oportunidad de pertenecer a un grupo de “amigos montañistas” con los cuales hemos realizado diferentes excursiones (acampando), transitando los mismos senderos que grabamos en nuestros gps en diferentes oportunidades.

Además de nuestras aventuras serranas, hemos estado en montañas de mayor altitud y de diferentes características.

Hago esta aclaración para quedarme tranquilo, de que ninguna persona que lea esta página (o parte de ella), crea que teniendo algunos pocos kilómetros de montaña pueda emprender una empresa de esta magnitud (ni poca ni mucha, con la magnitud que sea subir al Champaquí en 16 horas transitando aproximadamente 40 kilómetros de senderos de montaña).

La montaña, cualquiera fuera, merece respeto. Por ese motivo es que preparamos esta experiencia con todas las precauciones que estaban a nuestro alcance, y dejando librado al “azar” la menor cuota posible.

Precauciones

La fecha

No en vano elegimos la época de la primavera para realizar la actividad. En esta fecha contamos con aproximadamente 14/15 horas de claridad y luz solar. Las temperaturas en Noviembre no son tan altas como las que pueden alcanzarse en las sierras entrado el verano. En esta página se puede chequear (en Argentina) el horario de salida y puesta del Sol. Me ha sido muy útil para despejar dudas acerca de las horas de claridad con que gozaríamos (en cualquier sendero que sea).

http://www.hidro.gov.ar/observatorio/sol.asp

El clima

Me quedé pensando: reducir al máximo el factor “riesgo”. Ese fue uno de mis principales objetivos durante la última semana previa al viaje. Si bien el clima no depende de nosotros, podemos hacer todo lo posible para estar prevenidos. El clima fue monitoreado desde 5 páginas web que brindan pronósticos extendidos. Contamos con información de 36 horas previas a nuestro primer paso hacia la cumbre. Si bien con un pronóstico meteorológico favorable uno se predispone de muy buena manera para realizar la actividad, en ningún momento descartamos equipo que nos pueda ser útil en caso de que el tiempo desmejore de un momento a otro (que suele suceder). Todos contábamos en nuestras mochilas con: un cubre pantalón / pantalón impermeable, una campera impermeable / una prenda de abrigo (ya sea campera de plumas, o polar 200, o similar) y guantes.

Las páginas consultadas para conocer los pronósticos meteorológicos fueron:

Esta última página brinda información del clima especialmente para montañas. Permite tener un pronóstico estimado a diferentes cotas (altitudes).

La Orientación

Si bien ya habíamos transitado las sierras (con guías de montaña y solos también), hay muchas zonas en las sierras cordobezas que terminan siendo un laberinto. Inclusive visualmente uno puede planificar un camino a realizar para acercarse cada vez al Cerro Champaquí, pero de un momento a otro puede encontrarse con obstáculos que no se ven a la distancia o a simple vista (como ser alguna quebrada que termina abruptamente y no permite su descenso utilizando, tradicionalmente, las piernas).

Es por eso que contábamos con dos equipos de GPS (Garmin), los cuales tenían cargados los mapas correspondientes a las sierras (con curvas de nivel, que se pueden bajar gratuitamente de http://www.proyectomapear.com.ar/), como así tambien los tracks (o caminos, huellas) que habíamos realizado en diferentes viajes para ir desde Va. Alpina al Cerro, pasando por la zona de los refugios. En partes del camino no los miramos, en otras partes fueron imprescindibles para tomar una decisión acerca del rumbo.

La alimentación y la hidratación

En cada parada que hacíamos ingeríamos agua y algún alimento que nos de energía (carbohidratos simples que son los que el organismo asimila más rápidamente). Llevamos barras de cereal, turrones, frutas secas, caramelos, jugos en polvo para hidratar y bebidas isotónicas. Todo el tiempo cada uno cargaba con dos litros de agua en la mochila.

En camino

Nos levantamos a las 3 AM y luego de un buen desayuno, encaramos el sendero que se inicia en el Pinar. A las 4.15 ya estabamos caminando.

Comienza el sendero, 4.15 AM

No hubo viento hasta superar el Pinar, y llegar al refugio Ojo de Agua (el que tiene el arco realzado con troncos). A las 6.15 ya habíamos llegado al Puesto de Moisés López.

Fin del Pinar, amaneciendo

Nos cruzamos con un guía y su correspondiente grupo de clientes. Saludo obligado, y nos comentó que veníamos “sobrados” para nuestra aventura (esto fue alrededor de las 9 de la mañana atravesando la Pampa de Achala, zona previa antes de llegar a los puestos y la escuelita que esta al pie del Champaquí). Esta cuota de optimismo nos relajó (porque intentábamos no demorarnos de más en las paradas y porque uno nunca sabe si las condiciones climáticas pueden variar y nos obligue a caminar un poco más lento de lo previsto); creo que nos relajó tanto que aminoramos un poco la marcha y aprovehamos para sacar más fotos, sobre todo Adrián.

A las 10 habíamos pasado por la escuelita, y ya estábamos encarando los 600 metros (aproximadamente) de desnivel que nos separaban con la cumbre del Champa. De ahí en más, era todo subida. Se nos hizo bastante corto, dado que mantuvimos un ritmo tranquilo con muy pocas paradas de descanso.

A las 11.45 Ale y Adrián ya estaban nuevamente en el punto más alto de Córdoba. Por mi parte, me había retrasado unos 5 minutos, pero lo habíamos logrado.

The Neverending Champaquí
de izquierda a derecha: Diego, Ale y Adrián

En realidad, la mitad del objetivo estaba completo. Faltaba exactamente la mitad de trayecto, sumado al hecho de volver sanos y salvos, que siempre es lo más importante.

Luego de una hora de almuerzo y las fotos de cumbre, comenzamos el descenso a las 13.15. El horario estaba perfecto, de hecho el clima nos permitió disfrutar de una cumbre con pocas nubes, y prácticamente sin viento.

Y aquí vino uno de nuestros primeros errores. Encaramos la bajada (concientemente) unos 100 metros corridos del track original (del sendero original). Luego esos 100 metros terminaron siendo 200 metros, lo suficiente para habernos alejado mucho del sendero “rápido”. Estos 200 metros era en distancia horizontal, pero el problema era que ya habíamos descendido unos 500 metros de desnivel, por lo cual remediar el error nos exigía remontar unos cuantos metros de altura.

Quizás el segundo error fue consensuar entre los tres y decidir bajando por una especie de lecho de río (creemos hasta el día de hoy que era un “afluente” del Río Tabaquillo). La vegetación era muy cerrada y hacía que cada paso que dábamos incluya algún paso complicado.

Sabíamos que seguir descendiendo nos iba a llevar a la zona de los refugios, que según nuestro GPS teníamos a poco más de un kilómetro.

Comenzaron las decisiones correctas! Vimos que podíamos remontar la quebrada en la que nos habíamos metido por un acceso relativamente fácil, y que nos depositaba en una “verde pradera”. Así la llamamos en ese momento, y era una especie de “salvación” para nuestros 60 minutos de orientación desorientada.

Luego de llegar a este lugar, tuvimos un panorama mucho más claro de cómo aproximarnos al camino original. A las 16 ya estabamos de vuelta en camino, y pasamos frente al refugio de Escalante.

Nos encontramos en varias oportunidades con unos gauchos que estaban “paseando”, y cada vez estábamos más cerca de lo de Moisés Lopez. Esa era prácticamente nuestra última parada “larga” antes de atravesar nuevamente el pinar que nos despidió de madrugada, y nos recibía al anochecer.

Luego de 16 horas de haber partido desde Va. Alpina, regresábamos al Albergue, sanos y salvos, con una cumbre más, y un compañero de sendero nuevo: Guly (el perrito que nos acompañó durante todo el trayecto).

El desafío del año anterior, había sido alcanzado casi un año después.

Creo que recién unos días después del esfuerzo realizado caímos en la cuenta de lo que habíamos hecho. Y también creo que por eso mismo pensamos hacerlo al menos (y como mucho) una vez al año!

Abrazos para todos los lectores, ojalá les sirva esta humilde nota.

Diego Cesario

Track del GPS

Si bien he compartido algunas rutas en la conocida página www.wikiloc.com, donde los aventureros del mundo suben (subimos) los diferentes tracks para compartir con quien desee transitar alguno de los lugares donde hemos estado, hace mucho que no lo hago. Por lo cual, si alguna persona estaría interesada en hacerse de un track con la ruta Villa Alpina – Cumbre del Champa, no tiene más que enviar su comentario a través de este blog en esta nota solicitándola, y será remitida a la brevedad por correo electrónico.

 

El sendero desde Va. Alpina (derecha | este) hacia las Sierras Grandes (izquierda | oeste)

El sendero desde Va. Alpina (derecha | este) hacia las Sierras Grandes (izquierda | oeste)

Altimetría del Camino

Desde Villa Alpina (1.350 msnm aproximadamente) hasta la Cumbre del Co. Champaquí (2.790 msnm aproximadamente). Si bien el desnivel entre el punto de salida y la cima es de 1.450 metros aproximadamente, como se observa en el gráfico obtenido de la aplicación Map Source (aplicación que viene con los GPS de Garmin), el desnivel superado es de más de 2.600 metros, dado que el terreno no sube linealmente, sino que tiene subidas y bajadas constantes.

 

Altimetría del Camino

Altimetría del Camino

Desafío Superado

Los montañistas son los seres del retorno, de Andrés Hurtado García (Madrid 1976)

junio 3, 2010

El sol, el viento y las tormentas los han ido curtiendo y volviendo su piel hacia el interior. Rudos por fuera, son sensitivos por dentro. Como las flores de las montañas que ellos tanto aman: delicadas y salvajes en su pequeña belleza. No, no buscan la muerte como algunos fingen creer. Nadie como ellos para amar la vida. Son los grandes amadores porque son los grandes despreciadores. Aman la patria en la que han nacido (siempre se nace en un sitio que no se ha escogido) y, sobre todo, la que han elegido: la montaña. Entonces para ellos todas las montañas son bellas; más que
un accidente físico, una denominación geográfica, las montañas son el reino de la luz, el camino a los nuevos amaneceres. Si el Hombre es un nómada, nadie mejor que ellos encarna este imperativo. Hoy están
aquí, mañana lucharán por aquella cumbre. Luego serán otras y otras en los horizontes. Como los nómadas, llevan pocas cosas a cuestas y mucha riqueza interior.
Dondequiera que vayan, la montaña, su patria interior, irá con ellos. la montaña es su modo de mirar la vida. Su comunión con los grandes espacios abiertos ha afinado en ellos sentidos ocultos: ellos comprenden la verdad del viento, auscultan la palpitación de las rocas, dialogan con los elementos y cohabitan con los vértigos. Ellos saben del
misterio de las nieblas y conocen los escondites de las águilas, sus ojos han mirado de cerca el esplendor del cielo cuando en las noches las estrellas han velado la víspera de una escalada largo tiempo soñada y a conciencia preparada. Su alma ha conocido la paz profunda que se establece después de los largos combates y les niega satisfacción
en alegrías ya superadas.
Tanta inmensidad acumulada en sus ojos, tanto silencio apelmazado en los oídos, tanta complicidad con las fuentes secretas de la vida, han ido depositando en su ser riquezas invisibles. La amistad es su fuerte y en ella son expertos. Yo los he visto ejercer el noble rito de los amigos. Todo puede ser simple: atacar la pared con la doble fortaleza que da la cuerda que los une y luego abrazarse en la cumbre. Un rito simple en el que se encuentran dos mundos, en el que se reconocen dos exiliados que han hallado por fin el camino de regreso.
Y qué hermosos son los retornos! Los montañistas son los seres del retorno: viven en camino, parten al amanecer, siempre al encuentro del sol y saben reconocerse en cada vuelta del sendero, en cada flor, en cada insecto, en cada cosa. Cada cumbre en el horizonte es su destino. Han preferido el riesgo a la inmovilidad; el frío, el viento, la sed, el cansancio, a la seguridad de los seres establecidos. Ellos podrían lícitamente sentir compasión, pero no lo hacen; aún no han encontrado tiempo para ello y su oficio no es mirar a los demás sino avanzar hacia sí mismos.
También yo quisiera ser como ellos: grandes en su pequeñez y pequeños en su grandeza. Yo quisiera levantar mi tienda en el glaciar o sobre una terraza de rocas al lado de la suya. Yo quisiera, como ellos, alumbrar nuevos amaneceres.

ANDRÉS HURTADO GARCÍA.
Madrid 1976

Principio errante, final preciso

marzo 3, 2010
Aula 604 c
Aula 604 c

Quien se iba a imaginar que este momento llegaría. La ilusión siempre está, pero allá en el comienzo, el final ni siquiera se divisa en el horizonte. Recuerdo preciso: tarde de secundario, junto con 3 compañeros más fuimos a buscar “el sobre”. El temido sobre de inscripción a la Universidad Tecnológica Nacional (de aquí en más UTN). Ahí estabamos, en ese punto de inflexión: eramos los más grandes, “los de quinto año”, y a la vez, “los nuevos” aproximándonos a la corta y de suave pendiente, escalera de ingreso a la sede central de la UTN: Medrano 951. Chombas celestes vestíamos, del “La Salle“. Un micro de la línea 36 nos había aproximado por primera vez a lo que sería nuestra morada por unos cuantos años. ¿Nuestra segunda casa? Tal vez. Eramos los nuevos, no había lugar a dudas. Como “pollitos mojados” preguntándonos a qué piso debíamos ir a buscar el sobre, de acuerdo a nuestro apellido. Lo que era sabido de antemano: dentro del sobre se encontraba el primer amenazador examen de lo que vendría. Era tan sólo una muestra, que quizás para algunos resultó en aquella época un filtro que lamentablemente funcionó. Nosotros nos preguntabamos cómo lo haríamos, cómo atravesaríamos la barrera del “ingreso“; una loca idea se nos venía a la mente, y pretendíamos rendir el final de ingreso libre en noviembre de aquel año. Y lo hicimos, lo intentamos. Uno de nosotros estuvo a punto de pasarlo, pero la grilla de resultados que debíamos completar debía coincidir exactamente con el resultado “oficial“. De ahí en más, se comenzaba a grabar en nuestra memoria algo relacionado con la exactitud, lo justo, lo preciso, lo blanco y lo negro. Dedicamos bastantes horas a ese examen, nos reuníamos largas tardes, inclusive sábados donde intercalabamos Mc Donalds, Pizza Hut y alguna distracción por Sacoa. Inocentes. Pero eramos concientes que no aprobar el ingreso libre de noviembre no era una desgarradora sorpresa. Más bien era algo sabido: nuestros conocimientos de matemática habían sufrido una pérdida en algunos de nuestros años de secundaria, y no contabamos con algunos detalles acerca del valor absoluto de un número, las raíces no se simplifican tan fácilmente, y que hasta a veces, perdíamos soluciones. Qué increíble: simplificando se perdían soluciones, por lo cual los caminos más simples no siempre nos llevan a la solución… al menos en las matemáticas. Y en la vida posiblemente tampoco.

El Comienzo

El Comienzo

Un duro verano quedaba por delante. Nuestra preparación comenzó, si mal no recuerdo, en diciembre del 97, calculando el ingreso en febrero de 98. Aquel febrero donde U2 venía por primera vez a nuestro país, con el POP MART Tour. De hecho la carpeta donde guardaba mis apuntes, tenía un calco de la gira que mi hermano me había regalado. No fui al recital, me sacaría las ganas unos años más tarde. Pero la canción, Staring At The Sun se transformaría en el himno previo, o cábala, para cada examen: parcial, final, recuperatorio, recuperatorio de recuperatorio, tesis,… lo que sea. La remera de Queen, con la tapa de Made in Heaven, también supo acompañarme en aquellos calurosos días en que rendíamos los parciales de ingreso.
Y llegó el día en que los 4 ingresantes eran oficialmente alumnos de la UTN. Del multitudinario curso de 40 o 50 integrantes, habíamos pasado nosotros cuatro y un compañero más. El resto seguramente, en otra instancia, logró ingresar. Quizás despreocupados porque provenían, en su mayoría, de colegios técnicos lo que les daba más conocimientos teóricos y científicos. La realidad era que los 4 peritos habían atravesado la primer pared de ladrillos que se nos ponía en nuestro camino.
Pero la vida personal de cada uno nos comenzaba a separar. No todos podíamos cursar en el mismo horario, lo que hizo que cada uno elija el turno que más le beneficiaba. Por primera vez en mi vida se atravesaba la palabra álgebra, que sólo la había escuchado en películas norteamericanas. La cuestión que teníamos la oblea impresa de cómo la facultad estructuraba (al menos para mí) mis mañanas: de lunes a sábado, de 8.30 a 13. Horas más, horas menos, todos los días pasabamos por allí; excepto el domingo.
Pero había cuestiones que empezaban a dar cuenta de nuestra edad. Uno era responsable por su aprendizaje, al punto de que cualquiera podía retirarse, ausentarse, dejar de cursar, lo que sea. Excepto en las materias donde había profesoras que aún pensaban que nuestros padres nos enviaban a la facultad, y debían comunicarse con ellos en caso de que nos vayamos. Los primeros días hasta parecía una picardía irse antes, o llegar más tarde, o no ir.

Eduardo ya se perfilaba para fotografo. Yo, estudiaba, seguramente, álgebra.

Eduardo ya se perfilaba para fotografo. Yo, estudiaba, seguramente, álgebra.

Digo principio errante porque no tenía forma, en ese momento, de la noción de tiempo. Menos aún, no conocía los mecanismos de la facultad, uno no conocía sus tiempos, su energía, su capacidad, hasta cuanto podía dar. Ni hablar de optimizar todos los recursos de alguna manera inteligente. Por eso que bajaba ese mensaje directriz en nuestra oblea de inscripción, o al menos así lo interpretabamos muchos de nosotros, donde había que cursar TODO. Y ese era un verdadero problema. No sólo por el hecho de que no me era posible hacerlo (o al menos para mí, no era mi intención), sino que el hecho de cursar materias que no prosperarían, también hechaba a perder las chances de materías que sí prosperarían (no estando las que sobraban).
El trabajo ya comenzaba a ocupar 9 horas de mi día, y los tiempos comenzaban a estar más justos. Sin querer soltar mi vida social, continuaba organizando mis clásicos partidos de fútbol de sábado por la tarde, y eventualmente, lunes por la noche, costumbre que ya traíamos del secundario. Hasta que, gratamente, reemplacé esos (usualmente) crispados partidos de fútbol por sanas caminatas en las montañas. Sin lugar a dudas, una excelente decisión.
Dos de los cuatro lasallanos abandonaron la carrera, optando por otras en otras facultades. Coincidencia, pero los Diegos continuaríamos. Diego (Mornak) se recibiría en el sexto año de comenzada la carrera. Más allá del camino que cada uno haya recorrido, siempre destaqué (y destaco) su inteligencia y su facilidad para aprender.
Mi camino, por las razones que fueran, era más lento. Cursar todos los días de la semana nunca me convenció. Y tampoco se si estuviera escribiendo este final, hoy, si hubiera intentado inscribirme a 5 o 6 materias por cuatrimestre. No reniego de mi capacidad, pero muchas he caido en comparaciones. Y como dice el dicho, las comparaciones no son buenas (como los extremos, aunque algunos si son buenos). Pero sin dudas que las rutas que tomamos son diferentes, los obstáculos con que nos encontramos en nuestras vidas son diferentes, nuestros intereses y hasta en qué invertimos el tiempo fue, es y será diferente.

Y llegaba el título intermedio
No siento que esté llegando TARDE a este hito en mi vida. Sin dudas es un hito, dado que una etapa se cierra. Seguramente este llegando JUSTO, creo en la sincronización, o de alguna manera en el destino que tienen las cosas y sus tiempos. El tiempo, ¿un invento?.
Sin embargo el título es el mismo, a pesar del año en que lleguemos. Y es ahí cuando resalto la frase: lento, pero seguro. Lento, pero sin pausa. En la montaña lo he escuchado, y se asemeja mucho a este camino. Desde el momento en que nunca lo abandoné. Estuve en el carril lento, hasta en algún momento me tiré a la banquina; pagué los peajes, lo importante es no haberme detenido nunca. No haber perdido el horizonte, a pesar de la niebla que muchas veces se nos cruza.

Los grupos y las presentaciones, comenzaban a ser una constante en los últimos años. Y una variable

Los grupos, comenzaban a ser una constante en los últimos años. Y una variable

La formación técnica, sin dudas, nos da un perfil para poder ganarnos la vida. Pero lo que rescato de este camino, más allá de lo técnico, es la formación humana. Muchos podrán decir que tan sólo conocemos acerca de números, álgebra, programación, computadoras y eso, tan solo sistemas (tan solo). Pero lo que hizo rica la formación que he recibido de la UTN, al margen de lo técnico, fueron los últimos años donde los profesores comienzan a transmitir, gracias a que tienen el oficio y el don de enseñar, sus experiencias, sus mensajes; frases refinadas también suelo llamarlas. Formadores de criterios, ese es uno de nuestros objetivos.
Lejos quedó ese mensaje de mi viejo que dejó mi primer día de cursada: “Buen Comienzo, Papá“, decía. Y todavía lo guardo. Pronto llegará “Buen Final, Papá“.
Y una arista de este título sin duda pertenece a ellos, a mi familia. Presente, física y espiritualmente. La infaltable pregunta de Elsa ¿Y cómo te fue? ¿Te dieron la nota?“, seguido de un aliento encubriendo la esperanza “Seguro que te fue bien“; y entre afirmación y pregunta de mi viejo “¿Fue difícil? ¿Tomaron algo complicado?“. Y Edu: “¿Y después cuantas te quedan?“. Ni hace falta mencionar a la Tía Aida, llamando desde su casa, prendiendo velas a cuanto santo adoraba, y festejando cada examen que dejaba atras. Todavía tengo incorporado ese mecanismo de llegar a casa después de un examen, o de un viaje, y esperar que alguien me diga “Llamó la Tía para saber como te fue“. Mecanismo indeleble, que no tengo intención en olvidar, al igual que a la inolvidable Tía Aida.

Y casi de repente, apareció lo que en algunas montañas denominan “cambio de pendiente”, y por lo general, es porque lo que viene, es aún más complejo de lo que ya recorrimos. Un proyecto final que parecía estar “controlado“, por diferentes circunstancias nos desafió casi como una buena despedida y un buen recuerdo de lo exigente de este último tramo. Ahora, un poco más distante (a penas unos días), agradezco este desenlace, que nos permitió ser protagonistas.
2 de Enero de 2010 | Ascenso al Cerro Franke | Vallecitos | Mendoza

2 de Enero de 2010 | Ascenso al Cerro Franke | Vallecitos | Mendoza

Así como hubo un cambio de pendiente, en el Co. Franke tuve mi punto de inflexión: 2 de Enero de 2010. Ahí brotó la energía que me faltaba para llevar adelante lo que restaba de nuestro proyecto final, no hay lugar a dudas. Con el cansancio al hombro de un año agitado, en todo sentido, volví con la claridad para cerrar de la mejor manera este ciclo. No se si es “cerrar” la palabra más adecuada.
 
Y digo último desafío refiriéndome no tanto a la parte “técnica” que obviamente se veía por completo involucrada en nuestra tesis, sino que nuestro mayor desafío como grupo fue justamente ese: funcionar como un grupo. También nuestro proyecto final nos pedía paciencia, sacrificio, tolerancia y voluntad. Tener la voluntad para seguir… tener la voluntad para seguir.
Y algunos antes, otros después, los cuatro integrantes de este equipo podemos sentirnos dignos de haber alcanzado ser Ingenieros. Todo haya sido por el ING delante de nuestros nombres… Eso fue todo.
Aula 604 c

Aula 604 c

Y orgulloso de mi último grupo, Funky Systems

Y orgulloso de mi último grupo, Funky Systems

Año Nuevo o Día Nuevo (anónimo?)

enero 5, 2010

Quizás dé lo mismo si se trata de un año nuevo…
o de un nuevo grupo de pertenencia,
de un nuevo lugar donde vivir,
de un nuevo amigo,
o de una nueva pareja.
Nada puede ser realmente nuevo si uno lo vive desde viejas actitudes.
Por eso deseemos intensamente
que no se nos vaya nuestro tiempo de vida en asuntos que realmente no valgan la pena.
Nadie vino a este mundo
a encerrarse en un lugar seguro
a lograr la aprobación de los demás,
a “matar el tiempo”.

El tiempo es algo precioso:
un recurso no renovable.
Que miremos hacia atrás sólo para cerrar los asuntos pendientes.
Es el único modo en que el pasado puede realmente pasar:
decir lo largamente callado,
hacerse cargo de los errores,
pedir disculpas,
y reconocer lo recibido,
dar las gracias,
comprender lo no comprendido,
dejar ir lo que ya no es…

Cerrar lo inconcluso es comenzar a hacer espacio para lo Nuevo.
Que sepamos pedir ayuda cuando la necesitemos para volver a pararnos sobre nuestros propios pies.
Dejarse ayudar es un buen antídoto para la omnipotencia o la necedad.
Que sepamos ayudar a quien lo necesite…
sin perdernos en el otro,
sin invadir ni manipular,
sin generar dependencia,
sin forcejear para que nadie cambie lo que no está dispuesto a cambiar.
Ayudar requiere el ejercicio de una solidaridad inteligente, consciente de sus trampas y de sus límites.
Que permanezcamos abiertos a encontrar verdaderos compañeros de Camino, afines a nuestra más íntima Esencia.
Como decía Vinicius:“La Vida es el arte del encuentro”.
No nos escondamos de la Vida. Vivir Vivo es poco frecuente entre los humanos.
Lo logran quienes trabajan para abrir su sensibilidad y su conciencia.

Que seamos parte de aquellos que, más que un “Año Nuevo”, celebran cada día un Día Nuevo, intensamente Vivos.


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