TenÃamos un dÃa completo por delante en Bariloche. Pensamos en visitar el cerro Catedral. Cuando llegamos al estacionamiento, en la base del mismo, le preguntamos al cuidacoches cuanto tiempo demorabamos en subirlo a pie (en lugar de utilizar las aerosillas, que debo reconocer que no son lo que más he disfrutado de todo el viaje). Nos dijo que en dos horas y media, podÃamos estar (a paso tranquilo) en la cumbre, y que de hecho podÃamos cruzarnos con alguna olla con nieve. Inmediatamente las miradas cómplices entre Mauro y yo daban por hecho que ibamos a subir a pie, mientras que Osk prefirió hacerlo en los tramos en aerosilla (de ahà que iba a tener que espererarnos un buen rato en la cumbre, por la diferencia obvia de tiempo).
Nos preparamos con Mauro: me prestó unas medias (a las que creo va a ser difÃcil sacarles el color marron de la tierra, habrá que lavarlas un par de veces más), también llevamos un vaso térmico jaja… con la esperanza de encontrar nieve tal nos lo habÃa dicho nuestro amigo el cuidacoche, también llevabamos agua y manzanas que nos habÃan sobrado de alguna compra. Mauro aconsejó conseguir unos palitos de apoyo, el de él fue bautizado como “frodo”, y el mÃo no tenÃa nombre jaja. La cuestión que parecÃamos pastores, asà denominé a la foto que le saqué, y nuestros ya “bastones” le daban contexto a mi imaginación.
Al poco rato de empezar a hacer el camino, que… o no estaba bien señalizado o nosotros no supimos interpretar, pero cada tanto nos cruzabamos con tramos que no estaban para nada señalizados, y habÃa que hacer algunos saltos o maniobras que no se correspondÃan con el sendero tranquilo que habÃa pintado nuestro consejero de la base del cerro.
Uno miraba las aerosillas, con qué facilidad lograban el ascenso, a pesar de que encima estas eran un poco más lentas que las del Cerro Bayo, por lo cual a mi me daban un poco más de impresión (y ni hablar cuando se detenÃan un buen rato y no se movÃan). Cada vez que veÃa que pasaba eso, estaba más seguro de que habÃa tomado la decisión (para mÃ) correcta. PreferÃa disfrutar el sendero y cansarme, a estar sufriendo en esos momentos de inmovilidad en la aerosilla, que para colmo uno no decide cuando se baja… jaja…
A través de las columnas que sostienen al alambre de las aerosillas, nos ibamos dando cuenta qué tanto ascendÃamos y nuestro paso era bastante lento en un principio. LlegarÃamos a un confiterÃa, pero que estaba cerrada (habÃa varias que no estaban habilitadas, por no ser temporada de ski). Ya habÃa pasado más de hora y media, y todavÃa no habÃamos llegado al primer tramo de la aerosilla (nos faltaba un poco). Nos comunicabamos con Osk, y todavÃa no veÃamos el parador donde él estaba. Pensabamos llegar allà y almorzar, y asà lo hicimos (supongo que habrá sido la hamburguesa nacional más cara de nuestra existencia). El dÃa estaba espectacular, pero para estar en una pileta, o en una playa, y no para estar ascendiendo a pie un cerro. El Sol pegaba muy fuerte, por suerte los tábanos no estaban tan molestos como en el Bayo.
Muchas veces pensé en parar, y dar la vuelta por donde vinimos. HacÃa mucho calor, faltaba mucho camino, y la pregunta si llegarÃamos aparecÃa bastante veces en mi mente. Sobre todo porque al otro dÃa tenÃamos que seguir con nuestro viaje, camino a Esquel, o al Bolsón, o a donde sea. Fue en ese momento, cuando el ascenso al cerro tuvo un objetivo y cuando dejé de lado todo tipo de especulaciones imaginarias y mentales, y me aboqué a cumplir la meta (alguien la conocerá).
Fue entonces cuando terminamos de almorzar, “hicimos” la digestión, y seguimos viaje a la cumbre. La base del cerro Catedral (de donde partimos) se encuentra a 1.030 metros sobre el nivel del mar (no es que conozco exactamente estos valores, sino que los busqué ahora antes de hacer el post, pero los conocimos – aproximadamente – cuando almorzamos en la confiterÃa), y la cumbre a 2.388 metros sobre el nivel del mar.
En menos de una hora llegarÃamos a hacer los 200 metros que nos faltaban ascender, desde la confiterÃa hasta la cumbre, donde nos encontramos con Osk nuevamente, y harÃamos unas cuantas fotos para tener como recuerdo.
Se podÃa ver perfectamente la cumbre del Tronador, la isla Victoria, y un montón de picos más que estaban muy bien indicados por unos tubitos que hacÃan como una especie de mira y permitian identificar rápidamente los picos.
El descenso lo harÃamos en mucho menos tiempo que el ascenso. En poco más de una hora ya estabamos de vuelta en la base del cerro, donde descansarÃamos un rato con un “heladito”, y pasarÃamos por el Lago Gutierrez sólo para conocerlo, porque el Sol habÃa pegado fuerte, y no nos sentÃamos con todas las pilas para seguir andando.





