Bueno, la fecha de hoy no me da lugar a decir “uhhh… hace exactamente tres meses estaba caminando arriba del Glaciar Perito Moreno” pero si puedo decir que hace más de tres meses estaba [... bla bla bla ...]
Siempre que nos reencontramos con Osk, decimos que cada dÃa que pasa nuestro viaje es cada dÃa mejor, cada dÃa es más inolvidable, y cada dÃa tenemos más ganas de volver a estar allÃ. Del tercer viajero hace tiempo que no tenemos noticias, por eso que no podrÃa decir si él siente lo mismo.
Pero si que cada vez que cuento alguna anécdota de “rumbo al big ice” (o si quieren llamarlo de otro modo “mis vacaciones”) desearÃa volver a estar allá.
Cuando nos equivocamos de ruta y tardamos tres horas en hacer 100 kilómetros, desearÃa volver allá.
Cuando alguien confundió a un dinosaurio con un canguro, desearÃa volver allá.
Cuando eran las once de la noche en la ruta camino a Va. Langostura, y todavÃa habÃa luz, desearÃa volver allá.
Cuando recorrimos los siete lagos, aunque fueron más, y escuchaba la frase “todos los lugares en la Patagonia son iguales: lago, árboles, montaña…”, desearÃa volver allá.
Cuando sentimos la frÃa y cristalina agua de los lagos, desearÃa volver allá.
Cuando caminamos los 12 kilómetros en el Bosque de Arrayanes, desearÃa volver allá.
Cuando escuché la frase “¿vocei viaja en este barco?”, desearÃa volver allá.
Cuando subimos en aerosilla al Cerro Bayo, no desearÃa volver allá.
Cuando subimos y bajamos a pie el Cerro Catedral, desearÃa volver allá.
Cuando anduvimos por la ruta 40 y sentÃamos desolación pero al mismo tiempo paz, desearÃa volver allá.
Cuando pinchamos un neumático camino a la Cueva de las Manos y lo cambiamos entre el frÃo y los nervios de que sólo sea un tropezón en nuestro camino, desearÃa volver allá.
Cuando a Oscar se le voló el casco y fue aparar al Cañadón del RÃo Pinturas, 200 metros debajo nuestro, desearÃa volver allá.
Cuando nos quisieron estafar en Bajo Caracoles y seguimos camino a Gobernador Gregores, desearÃa volver allá.
Cuando nos bajamos del coche, en el medio de la nada, pensamos que estabamos perdidos, pero encontrándonos con una noche increiblemente estrellada, y apagamos las luces del coche para contemplar el cielo, desearÃa volver allá.
Cuando en la ruta empezamos a ver desde lejos la cumbre del Fitz Roy, desearÃa volver allá.
Cuando amagamos siempre para acampar, pero nunca lo hicimos, deseraÃa volver allá.
Cuando llegamos a Laguna del Desierto, y contemplamos la paz del agua en la frontera con Chile, desearÃa volver allá.
Cuando retratamos nuestras sombras al borde del lago Viedma, desearÃa volver allá.
Cuando vimos al Perito Moreno por primera vez, desearÃa volver allá.
Cuando vimos como se desprendÃa los grandes pedazos de hielo y caÃan al Lago Argentino, desearÃa volver allá.
Cuando se escuchaban los “crujidos” del hielo rompiéndose, desearÃa volver allá.
Cuando veÃamos el arco iris sobre el glaciar, aproximándonos en la lancha para hacer la caminata, desearÃa volver allá.
Cuando el viento casi nos derrivaba en el ventisquero y empezaba nuestra caminata, desearÃa volver allá.
Cuando pisabamos el hielo con los grampones, y la increÃble gama de azules y celestes del agua sobre el hielo impactaban nuestros ojos, desearÃa volver allá.
Cuando brindamos con whisky en el glaciar, desearÃa volver allá.
Cuando en cada parada sentÃamos que seguir viajando era seguir cumpliendo un sueño, desearÃa volver allá.
Cuando pude ver al ejército de pingüinos refugiados en la PenÃnsula de Valdes, desearÃa volver allá.
Cuando sellamos un viaje magnÃfico, por eso desearÃa volver allá.
