Archive for 25 febrero 2008

Acto XIV: Camino a Madryn

febrero 25, 2008

Ruta 3 (camino a Puerto Madryn)

 Y la película ya tenía varios “actos”, digamos que ya habíamos vivido la mitad, y nos quedaba regresar de a poco a Buenos Aires, no sin antes visitar la ciudad de Puerto Madryn.

Nos habíamos levantado muy temprano para emprender el viaje en el cual uniríamos El Calafate, Río Gallegos y Puerto Madryn. Iríamos directo a Río Gallegos para poder agarrar la Ruta Nacional 3, para evitar la ruta de ripio que unía El Calafate con Río Gallegos. Preferíamos hacer más kilómetros, pero ahorraríamos en tiempo y sobre todo, en salud jaja.

Sería un día muy largo, de mucho viaje, mucho calor, y de noche nos sorprenderían algunas gotas en los últimos kilómetros llegando a Puerto Madryn. Salimos alrededor de las siete de la mañana de El Calafate, y estaríamos llegando casi a la 1 AM (del otro día) a Puerto Madryn… todo un trecho.

No hay demasiado para contar. Pasaríamos por las ciudades de Caleta Olivia y Comodoro Rivadavia, muchos camiones en el trayecto y una vista al mar increíble.

Un tributo especial para el coche que nos acompañó en todo el viaje, no nos dejó en ningún momento. Desalineado y todo, se portó de diez!

Camino a Puerto Madryn

Acto XIII: Big Ice en el Perito Moreno

febrero 23, 2008

Big Ice en el Perito Moreno 

Había llegado el día. Ibamos a conocer al Glaciar Perito Moreno en persona. Y porqué digo que ibamos a conocerlo hoy, y no ayer cuando lo habíamos visto? Porque hoy hacíamos la excursión de trecking sobre el Glaciar. Una posibilidad que no podíamos dejar de aprovechar, y volvía a aparecer esa pregunta que era la excusa perfecta para cualquier gasto en las vacaciones: ¿cuándo ibamos a volver a estar allí?.

Así fue que, luego de averiguar acerca de las excursiones que podían realizarse, terminamos decidiendo realizar la denominada “Big Ice”, una excursión que partía a las 0900 del Puerto Bajo Las Sombras (dentro del Parque Nacional Los Glaciares) y nos dejaría justo al lado del Glaciar. De allí caminaríamos unos 45 minutos bordeando el glaciar, y luego de colocarnos los grampones en los calzados, empezaría la caminata sobre el Glaciar, de aproximadamente 5 horas de duración, con un break de 20 minutos para almorzar y hacer pic-nic en algún lugar donde no haya mucho viento. La diferencia con la excursión de “Mini-Trecking” es que la edad estaba limitada y la duración de la caminata era más del doble, y dependiendo del grupo de turistas, se podían visitar lugares menos accesibles que los que realizaba la excursión de dos horas.

Nos despertamos minutos antes de las 7 de la mañana, cuando escuchamos los golpes en la puerta de la chica del hostel que venía a avisarnos (por las dudas), dado que no habíamos contratado la combi que nos podría llevar hasta el puerto (además de que no había lugar). Es por esto que debíamos ser puntuales, dado que debíamos hacer los 80 kilómetros aproximadamente que separan a El Calafate del Parque Nacional. Además pasaríamos por una estación de servicio, para comprar algo para almorzar y llevar agua caliente para nuestro “mate cocido on ice”, que tomaríamos después de almorzar (que nos vino bien para calentar un poco el cuerpo).

Big Ice en el Perito Moreno

A diferencia del resto del viaje, ese día habíamos sido muy puntuales (ninguno quería perderse la excursión que nos había costado $AR 375 a cada uno, de ahí la celeridad en nuestros movimientos matutinos). Hasta Mauro, el que solía levantarse último, estuvo de pie antes que yo si mal no recuerdo. A eso de las 7 AM sonó “Your Love”, tema que ponía de despertador, del grupo ochentoso The Outfield (que tanto me jodían a mí con que lo escuchaba muy seguido, resultó que Oscar también lo tenía en uno de sus cds de mp3 para el coche)…

El clima parecía no acompañarnos. Había amanecido medio nublado, en el camino tuvimos un poco de llovizna, y de hecho hasta en el puerto llovía, salía el Sol, se nublaba, hasta pudimos ver el arco iris sobre el Perito Moreno. Nada iba a impedir que hagamos nuestra excursión! jaja… lo que si recordamos el frío que se sentía en el puerto, esperando el bote que nos cruzaría para empezar la caminata.

Big Ice en el Perito Moreno

¿Turistas Argentinos? Bien gracias. Eramos diez personas que ibamos a realizar la excursión, y los únicos tres argentinos eramos nosotros: luego había dos ingleses y cuatro holandeses.

Había dos guías, uno nos hablaba en castellano mientras que otro se dedicaba a hablarle a los turistas extranjeros. Comenzaríamos la caminata de 45 minutos, que entiendo fue bordeando el cerro Moreno, y debíamos lograr una altura considerable para poder subir al glaciar (que sus paredones llegan a tener entre 40 y 50 metros aproximadamente). La caminata era lenta, por lo cual nos permitía ir admirando desde el costado al Glaciar, y ver como existía un límite entre la tierra y el enorme hielo! increible!

Llegamos a una carpa, donde estaban todos los grampones, y ahí nos medían el tamaño del zapato para que cada uno lleve un par que le vaya bien en el pie, y seguir camino hacia la última parada previo a caminar sobre el glaciar.

Por fin llegamos a la zona que se llama “Ventisquero” y allí comprendimos cual era el motivo por el cual se llamaba así. El viento que había llegaba a casi boltearnos. Nuestro guía decía “Luchen contra el viento, no se dejen vencer” jaja. En ese momento pensábamos (y digo pensábamos porque cuando terminó la excursión, lo validé con mis dos amigos): “Si toda la excursión va a estar acompañada de este viento, mejor me quedo”. Era muy molesto el viento, pero al pasar la primer loma de hielo, el viento cedería bastante, y sería algo muy soportable, que comenzaba a pasar desapercibido en contraste con el desierto de hielo que empezabamos a recorrer.

Big Ice en el Perito Moreno

Ibamos en fila, teoricamente no debíamos apartarnos de la fila para ir todos juntos, pero era imposible a cada rato, pedirle a alguien que tome una fotografía. Sólo había que tener cuidado con las grietas, que a simple vista se veían con intensos colores azules, que nunca llegaban a ser negros, increibles.

 Big Ice en el Glaciar Perito Moreno

Visitamos unas cuantas zonas donde se formaban “cuevas”. El glaciar tiene ríos internos, los cuales pudimos ver, fruto del deshielo constante en el que se encuentra. Vimos una especie de grieta de muchos metros de profundidad, a los que yo había conocido como “pulmones del glaciar”, donde se veían distintos cursos de agua, y además se escuchaba el correr del agua, muy impresionante a la vez que fascinante.

Big Ice en el Perito Moreno

Big Ice en el Perito Moreno

Pararíamos para comer algo a eso de las 1300, y luego nos darían unos alfajores para reponer un poco de energías. Parecía mentira estar almorzando sobre un glaciar jaja, y tomando mate cocido caliente, que una vez servido, se enfriaba bastante rápido.

Luego seguiríamos dos horas más caminando y recorriendo diferentes lugares, que no dejaban de maravillarnos. El cielo se había abierto bastante (el clima según nos comentaban, es muy cambiante en el Parque, por lo cual en un momento podía estar lloviendo y a los minutos tener un Sol increíble), por lo cual habíamos tenido mucha suerte. No hacía frío, pero cuando comenzaba a soplar el viento, era necesario estar abrigado. Campera, guantes y gorro, al igual que lentes de sol y protector solar, era indispensable para poder hacer la excursión.

Big Ice en el Perito Moreno

Comenzabamos a ver el hielo “sucio” (sucio por la tierra y piedras de todos los tamaños que va arrastrando y levantando cuando el hielo se desplaza), y eso nos daba la pauta que estabamos regresando de a poco al camino de tierra, el cual recorreríamos durante 45 minutos más para llegar al refugio y aguardar el bote que nos devolvería al puerto.

Big Ice en el Perito Moreno

Por último, nos sorprenderían en el camino de regreso, en el bote, con un whisky y un alfajor para brindar. “Salud, Cheers” gritó el guía, con un hielo en su mano (del glaciar obviamente, el cual picó para colocar en nuestros vasos).

Big Ice en el Perito Moreno, Nuestro Brindis Más Austral

Y ahí se iba el Perito, mientras Mauro y yo pedíamos un deseo lanzando nuestro hielo al lago. Qué recuerdo, inolvidable para toda la vida.

Big Ice en el Perito Moreno

Acto XII: El Calafate

febrero 23, 2008

 Glaciar Perito Moreno

Después de casi 4.400 kilómetros de recorrido, llegamos a nuestro destino final (o mejor dicho, a nuestro destino más austral en estas vacaciones). Nuestro primer día lo dedicaríamos a visitar el Parque Nacional Los Glaciares, donde sería nuestro primer encuentro con el Perito (Glaciar Perito Moreno). Bastante ansiedad, pero al mismo tiempo el límite de la ansiedad estaba rodeada de la emoción de estar allí.

Habíamos pagado nuestra entrada al Parque Nacional, y el camino sinuoso de aslfalto, en ningún momento nos indicaba cual era la “curva de los suspiros”. Así se llama, según leí, por el hecho que es la primer curva que uno hace y donde visualiza al glaciar. Así que ahí estabamos, espectantes, esperando que aparezca la gran masa de hielo reflejada en nuestras pupilas. Y apareció.

Parque Nacional Los Glaciares (curva de los suspiros)

A pocos metros, nuestro primer mirador, donde obviamente estabamos felizmente obligados a sacarnos una foto (alguien que conozco diría… “todos los miradores son iguales… montaña, un lago, bosque, vegetación…”,,, con la diferencia que en esta ocasión, teníamos nada más y nada menos que a un glaciar de paisaje).

Parque Nacional Los Glaciares (mirador)

Teníamos pensado el primer día hacer pasarelas, y además la excursión que recorre el frente norte del Glaciar Perito Moreno. Cuando llegamos al estacionamiento, ni tiempo tuvimos de terminar de almorzar los sandwiches de miga que habíamos comprado en la estación de servicio de El Calafate, que Oscar ya tenía los tickets para subir al catamarán que nos llevaba a la excursión, y que salía “hace cinco minutos”… por lo cual no hubo mucho tiempo para pensar. Decisión, si en el grupo faltaba decisión, estaba Oscar para decidir rápidamente por los tres jajaja…

Glaciar Perito Moreno (desde Pasarelas)

El costo de la excursión era de $AR 38, sin tener en cuenta la entrada al Parque, que costaba para nosotros $AR 12 (estudiantes a mitad de precio). Los turistas extranjeros deben abonar como entrada al parque $AR 40.

Desde el catamarán se podía contemplar en todo su largo al Glaciar, incluso vimos un par de desprendimientos de hielo, cuyas olas se sintieron en la embarcación. Lo impresionante es escuchar todo el tiempo como el glaciar “cruje” y es un buen indicador para que en cualquier momento se vea algún desprendimiento (en algún lugar agrietado por ejemplo)…

Glaciar Perito Moreno

Glaciar Perito Moreno

Bueno, ahí esta nuestro amigo Perito, al que conoceríamos personalmente el día siguiente. No hay más para comentar, sólo admirarlo.

Acto XI: Piedras Blancas y Laguna del Desierto

febrero 23, 2008

Teníamos un día para disfrutar algunas de las amplias posibilidades que brindaba el hecho de estar en El Chaltén. Caminatas, excursiones, miradores, etc. Debo reconocer que ya estaba preparando mi calzado para algún trekking en el Fitz Roy, pero la decisión grupal y la democracia decidieron otras opciones. Los destinos eran llegar al mirador de Piedras Blancas, en frente de un glaciar, y luego visitar la Laguna del Desierto, que quedaba a unos 17 kilómetros de este mirador.

Hicimos la caminata de Piedras Blancas, sinceramente creo que nos perdimos en el camino, que no estaba muy bien señalizado. Se entra por una estancia (estancia El Pilar?), y luego se debía seguir un sendero. Cuestión que entre tanta vegetación y bosque, decidimos parar a tomar unos mates y luego emprender el camino hacia la Laguna del Desierto.

Laguna del Desierto fue el último conflicto limítrofe con nuestro país vecino (Chile) en épocas del gobierno de… del gobierno de… mejor no nombrarlo. Allí se instaló un monumento histórico en homenaje a los gendarmes que defendieron nuestra soberanía. FFFIIIRRRMEEESSS también allí estábamos…

Laguna del Desierto (Firmes)

 Laguna del Desierto (Monumento H�stórico)

 Una vez que llegamos a la Laguna, se podía realizar una caminata (de 12 kilómetros) para poder bordearla, caminata que no hicimos por el tiempo que demandaba y porque debíamos llegar a El Calafate para hacer el check-in en el hostel.

Laguna del Desierto

Camino a El Calafate, cuando abandonábamos El Chaltén, hicimos nuestra típica foto de las sombras (en lugar de nuestro dedo en todos los lugares, son nuestras sombras en todos los lugares jaja), tradición que tenemos de compartir varias vacaciones con Mauro, y que no podíamos dejar de pasar la oportunidad. Serían nuestras sombras más australes.

Sombras más australes

Lago Viedma (El Chaltén)

Y seguíamos camino, para el destino original de nuestro viaje…

Camino a El Calafate

Décimo Acto: Una excusa para volver (y sino, hay que inventarla)

febrero 23, 2008

Camino a El Chaltén 

Obviamente hablo de “El Chaltén” (o su verdadero significado, la montaña humeante). Así la llamaban los tehuelches, creyendo que era un volcán. Hoy en día es una insignia de alpinistas, que esperan los pocos días al año en que se ve al Fitz Roy sin nubes a su alrededor, para salir inmediatamente a escalarlo. Como verán en las fotos, siempre tiene nubes alrededor, lo que hace que las personas que llegan a verlo en un día despejado sean “privilegiadas”, y comprender su significado en tehuelche.

Luego de habernos acostado de madrugada, en Gobernador Gregores, en el hospedaje “Mariel”, que no era más que la casa de una señora, a la que agradecemos por habernos atendido a las 5.30 de la mañana jajajaja… ya que estabamos agotados gracias a la ruta 40, el camino desde Bajo Caracoles había sido bastante largo, interminable diría yo. Encontramos un excelente lugar para dormir, y dada la hora en la que llegamos, no había problema con el check out.

Nos levantaríamos a eso de las doce del mediodía, e iríamos a solucionar un problemita del coche (había un ruido raro cada vez que acelerabamos jaja). Despúes de buscar a algún mecánico en todo el pueblo (o se habían ido a hacer algún auxilio, o se habían ido a almorzar, o no podían antedernos)… encontramos a un buen hombre (en principio), que inmediatamente me hizo poner el coche en la rampa y a los pocos minutos me dijo “¿sabes cual es tu ruido? Éste” mostrando en su mano una piedrita que habitaba entre el escape y el chapón. Digo buen hombre hasta el momento en que acotó “nuestras rutas no estan hechas para estos autos… y no las arreglamos para que no se llene la Patagonia de porteños”,… sin palabras… lástima que ya le había dado los veinte pesos de propina, porque no nos quiso cobrar. Lo que, lamentablemente, no se dan cuenta algunas personas, es que muchos de los pueblos que bordean la ruta 40 o estan de paso, viven gracias al turismo.

También buscamos una gomería, para ver si podíamos comprar un neumático nuevo (el que habíamos pinchado camino a la Cueva de las Manos), la historia no fue muy distinta a la búsqueda del mecánico. Gente apurada por ir a almorzar, otras haciendo auxilios en no se donde, era en vano seguir buscando alguien que nos ayudara jaja.

Me tocaba manejar a mí, así que emprendimos camino a El Chaltén, era el último tramo para llegar al próximo destino. El tramo desde Gobernador Gregores hasta El Chaltén, en cuanto al ripio, esta en muy buen estado. Nos permitía llegar a los 90 kilómetros por hora, a excepciones de algunas curvas donde había mucha acumulación de piedras, o bien el sendero estaba un poco alto y chocaba con nuestro cubre carter. Pero sin dudas fue el tramo en mejor estado de toda la ruta 40.

El desvío a El Chaltén esta asfaltado, y lo que empieza a molestar un poco es el fuerte viento que se comienza a sentir, y por eso hay que tener cuidado con las velocidades máximas, no vaya a ser cosa que uno salga volando por la ruta con auto y todo. Estos últimos cien kilómetros, se hacen en seguida. De fondo se tiene constantemente como paisaje, la cumbre del Fitz Roy y el resto de las montañas de la zona, hasta los cuertos de las Torres del Paine, ni hablar del lago Viedma, que también es hermoso.

El Chaltén (desde la ruta)

Luego de para en el mirador que está en la ruta, comenzamos a recorrer el pueblito, y terminamos en un hostel que se había estrenado hace muy poco tiempo. Por lo cual, nuestra habitación estaba impecable, hasta alfombrada. Mauro cocinó su especialidad otra vez: fideos con atún, jardinera y choclo, y tomamos uno de los seis vinos que llevabamos en el equipaje, a modo de festejo jaja.

El Chaltén (mirador)

Noveno Acto: Cañadón Río Pinturas y Cueva de las Manos

febrero 21, 2008

Por fin, había amanecido un clima fresco, que es lo que, particularmente yo, había ido a buscar a la Patagonia (escapar un poco del calor del verano de Buenos Aires).

Luego de desayunar en el parador de Río Mayo, ya nos encontrabamos en el corazón de la ruta 40: el asfalto era sólo un buen recuerdo, y el ripio reinaba en los anchos carriles de la ruta, lo que la mantiene como mística, histórica, especial, era lo mismo que nos traía algunos dolores de cabeza, por el hecho de que las máquinas que alizan la superficie para que no se formen montañitas de piedras por donde pasa el medio del coche, no lo hacían evidentemente con frecuencia, y las piedras chocaban con el chapón del coche y el cubre carter…

Parador en Rio Mayo

Ruta 40 en Chubut 

¿Animales? se nos han cruzado de todo tipo de animales: ñandúes, liebres, ovejitas, una especie de avestruces, vacas, y unos cuantos más. Las liebres las hemos visto más que todo de noche, que corrían a la par del coche y luego se escondían entre los arbustos que estaban al costado de la ruta, mientras que los restantes los vimos durante todo el día.

Ovejitas en la Ruta 40Vaca en la Ruta 40Avestruces en la Ruta 40Mulita en Ruta 40Ñandúes en Ruta 40

La idea del día era llegar lo más al sur posible, pero en nuestro recorrido queríamos pasar por la famosa Cueva de las Manos. Así que alrededor de las cinco de la tarde ya estabamos transitando las cercanías, donde también se podía empezar a ver el Cañadón del Río Pinturas, que esta justo donde esta ubicada la Cueva.

 Cañadón R�o Pinturas

Pensábamos que no tendría demasiado para ver, siempre que uno busca en Internet acerca de la Cueva de las Manos, ve una roca con algunas pocas manos pintadas en la pared, pero no llega uno a darse cuenta la magnitud del tamaño de la pared por donde estan pintadas las manos (que me atrevo a decir son seguramente miles). Además, por algún blog o foro lei que si uno visitaba la Cueva de las Manos, no podía dejar de ir al Cañadón de Río Pinturas que estaba muy cerca: bueno la realidad que la Cueva de las Manos esta en uno de los bordes del Cañadón (diría a unos metros esta el precipicio, con una baranda de seguridad). Por lo cual, si uno hace la visita a la Cueva de las Manos, que dura alrededor de una hora, va a poder recorrer todo el cañón del Río Pinturas, que es otra atracción poco publicitada a mi entender.

 Cañadón R�o Pinturas y sendero de la Cueva de las Manos

 Cañadón R�o Pinturas y sendero de la Cueva de las Manos

Hay dos formas de hacer la visita a la Cueva de las Manos: una de ella es ir a través del desvío que existe llegando a Bajo Caracoles (partiendo de Río Mayo), y hacer unos 50 kilómetros hasta la Cueva; la otra forma es, también camino a Bajo Caracoles, pero mucho antes del desvio, encontraran un cartel muy pequeño que dice a 7 kilómetros acceso a Cueva de las Manos y aclara “2.000 metros difícil”. Esto se debe dado que el ingreso se hace desde una estancia, y del otro lado del Cañadón del Río Pinturas, por lo cual hay que bajar el Cañón y volverlo a subir (tener en cuenta que el cañadón tiene 200 metros de altura, y el camino es bastante empinado por lo que vimos). Los horarios de visita a la Cueva van desde las 9 de la mañana hasta las 19 horas (1 visita por hora), y en el camino no hay absolutamente nada (en cuanto a servicios, combustible, etc.). De hecho, nosotros llegamos justo para la última visita, en el camino tuvimos la mala suerte de agarrar una piedra que pinchó un neumático, así que hicimos unos minutos de boxes y seguimos camino a la Cueva. Fue el único inconveniente en todo nuestro viaje y que hasta lo teníamos casi asumido, desde el momento que sabíamos que ibamos a recorrer más de 6.000 kilómetros…

Las pinturas de la Cueva tienen entre 9.000 a 13.000 años de antiguedad desde el presente (así dijo la guía), y eran realizadas en “negativo”, esto es que la forma de la mano se hace gracias a la pintura que se le soplaba alrededor de las manos.

 Cueva de las Manos

Cueva de las ManosCueva de las ManosCueva de las Manos

En las pinturas se observan básicamente escenas de cacería de animales, con diferentes técnicas, y obviamente manos de hombre y mujeres de todas las edades. Existe sólo una mano en toda la Cueva que esta resaltada como con un círculo alrededor, y se supone que pudo haber sido del jefe de la tribu.

Esta es la famosa Cueva de las Manos

El viento que hay en el cañadón es increible, de hecho en las fotos se ve que estamos con campera, pero no es por el frío, sino por el viento que soplaba (de hecho a uno de nosotros se le voló el casco de la cabeza jajaja).

Visita a la Cueva de las Manos y Cañadón R�o Pinturas

Bueno aquí debo hacer un apartado, porque sino mis compañeros de viaje me matan. Resulta que antes de comenzar nuestro viaje, unas cuantas páginas en Internet hemos visitado y buscado información de los lugares por donde pasaríamos si recorríamos la ruta 40, y sobre todo saber con qué servicios contabamos en cada localidad. Luego de pasar por la Cueva de las Manos, al estar a menos de 60 kilómetros de “Bajo Caracoles”, pensabamos en pasar la noche allí. Una de estas páginas que visitamos, decía que en Bajo Caracoles podríamos encontrar hoteles y combustible entre otras cosas, y lo marcaba como un lugar con servicios. Existe sólo 1 hotel, el cual estaba completo, y los surtidores de combustible estaban con bastante tierra como que no se usaban hace un tiempo. Recorrimos el pueblo, que es muy chico, y también encontramos a una persona que decía tener un hostel. Bueno nos ofreció una habitación para pasar la noche, donde pretendía cobrarnos a cada uno $AR 50, o la posibilidad de acampara en el ¿patio? de su propiedad por $AR 10; luego de que vio nuestras caras cuando nos sorprendimos por el costo (ya que habíamos reservado un hostel en El Calafate por $AR 37, y en El Chaltén pagaríamos lo mismo por un hostel recien estrenado), nos terminó ofreciendo a $AR 30 una habitación a compartir, donde uno no se daba cuenta si el techo estaba más bajo que la cama marinera jajajaja. Y no puedo dejar de citar sus palabras textualmente, cuando le preguntamos si se podía cocinar en su hospedaje: “¿Tienen hambre? les cocino una pizza… 25 pesos el plato…” sin palabras nuestro amigo de Bajo Caracoles.

A todo esto, cuando salimos a consultarle a Oscar acerca de la tentadora idea de quedarnos en una de las tres opciones que nos ofrecía esta persona, decidimos seguir viaje a Gobernador Gregores, el próximo pueblo que tiene alrededor de 4.000 habitantes, y donde encontraríamos un lugar donde dormir, por el mismo precio, y con muchas comodidades. Eso sí, haríamos más de 200 kilómetros de ripio durante la noche, llegando alrededor de las 5 de la madrugada a Gobernador Gregores, todo gracias a Oscar que se veía decidido a llegar a destino y no quedarse en Bajo Caracoles.

En el camino a Gregores, existe un desvío de 56 kilómetros (todos lo recordamos jaja), donde uno transita al lado de una ruta que esta nueva, pero que (al menos con automóvil) no había forma de aprovechar durante la noche. En la visita a la Cueva de las Manos, había un turista que venía justamente de Gregores, y con su camioneta había subido a la ruta nueva, y había podido acortar un poco el viaje utilizando esta ruta que no estaba habilitada, aunque tuvo que hacer alguna maniobra jugada para volver a bajar de la ruta en construcción.

Eso fue todo nuestro 8 de Febrero… rumbo al big ice

Cañadón R�o Pinturas

Cañadón R�o Pinturas

Octavo Acto: de Bariloche a Rio Mayo

febrero 21, 2008

Bueno este día creo que sería el día “nulo” de nuestras vacaciones, aunque si lo vemos desde otro punto de vista, nos sirvió para seguir viaje a nuestro destino más austral.

Los chicos se sentían bastante averíados del día anterior (una mezcla entre el Sol, la comida, cansancio, y otras yerbas hacía que no se sientan muy bien). Primero cayó Mauro, luego Oscar, y yo me limite a cenar (el día anterior) tan sólo una manzana, para evitar que la paranoia de la indigestión mezclada con la cantidad de horas que estuvimos al Sol haga que también me descomponga.

Me levanté a desayunar y obviamente los chicos siguieron descansando hasta eso de las 12, que luego de desayunar, también los acompañé en el descanso. Pero no tuvimos que pensar demasiado para armar los bolsos y mochilas, y continuar viaje. Cuando salimos de la habitación, no había nada que negociar. Nuestras camas ya estaban reservadas para otras personas (dado que ese día terminaba nuestra estadía), incluso estaban esperando que dejemos la habitación para cambiar las sábanas y limpiarla.

No había opción, teníamos que seguir camino, a pesar del Sol. A eso de las 14 partimos, siguiendo viaje hacia el Sur.

Tomaríamos un camino, que a mi entender, no era el que debíamos. Había dos formas (según había leído en alguna página de Internet) de llegar desde Bariloche hasta El Bolsón, evitando justamente el “Cañadón de la Mosca”, que no es más que una ruta de montaña que tiene camino de cornisa, y personalmente prefería evitar… Hasta ver un cartel verde de vialidad donde justamente decía “Cañadón de la Mosca” y ahí fue cuando le pregunté a Maurito (con bastante mal humor) si estabamos tomando el camino correcto.

Camino al Bolsón (cañadón de la mosca)

Pero ya estabamos ahí, y no había mas que seguir camino, y fueron unos pocos kilómetros donde bordeamos un par de montañas y luego el camino se volvió más monótono.

Paramos en una estación de servicio, y aproveché para saludar a mi hermano por su cumpleaños (ya era siete de febrero a esta altura), y optamos por seguir viaje a Río Mayo, donde pasaríamos la noche, en un hospedaje donde cocinaban muy muy bien jaja. Ya había aparecido el apetito, así que Mauro y yo pedimos pastel de papas, mientras que Oscar optó por una suprema de pollo con papas fritas, supremas que pediríamos al otro día para llevar como bianda durante nuestro camino a Perito Moreno.

Al llegar a Río Mayo, lo primero que nos sorprendió fue ver un cuartel de Gendarmería. Pensamos que el pueblo era sólo eso, hasta que preguntamos a una persona y para llegar al pueblo nos faltaban unos metros más. Allí encontramos unos cuantos lugares que parecían paradores u hoteles, también paraban muchos camiones que cruzaban a Chile llevando cargamentos.

Séptimo Acto: Cerro Catedral (Bariloche)

febrero 21, 2008

 Cumbre en el Cerro Catedral

Teníamos un día completo por delante en Bariloche. Pensamos en visitar el cerro Catedral. Cuando llegamos al estacionamiento, en la base del mismo, le preguntamos al cuidacoches cuanto tiempo demorabamos en subirlo a pie (en lugar de utilizar las aerosillas, que debo reconocer que no son lo que más he disfrutado de todo el viaje). Nos dijo que en dos horas y media, podíamos estar (a paso tranquilo) en la cumbre, y que de hecho podíamos cruzarnos con alguna olla con nieve. Inmediatamente las miradas cómplices entre Mauro y yo daban por hecho que ibamos a subir a pie, mientras que Osk prefirió hacerlo en los tramos en aerosilla (de ahí que iba a tener que espererarnos un buen rato en la cumbre, por la diferencia obvia de tiempo).

Nos preparamos con Mauro: me prestó unas medias (a las que creo va a ser difícil sacarles el color marron de la tierra, habrá que lavarlas un par de veces más), también llevamos un vaso térmico jaja… con la esperanza de encontrar nieve tal nos lo había dicho nuestro amigo el cuidacoche, también llevabamos agua y manzanas que nos habían sobrado de alguna compra. Mauro aconsejó conseguir unos palitos de apoyo, el de él fue bautizado como “frodo”, y el mío no tenía nombre jaja. La cuestión que parecíamos pastores, así denominé a la foto que le saqué, y nuestros ya “bastones” le daban contexto a mi imaginación.

Camino a la Cumbre en el Cerro Catedral (Pastor Diego)

 Camino a la Cumbre del Cerro Catedral (Pastor Mauro)

Al poco rato de empezar a hacer el camino, que… o no estaba bien señalizado o nosotros no supimos interpretar, pero cada tanto nos cruzabamos con tramos que no estaban para nada señalizados, y había que hacer algunos saltos o maniobras que no se correspondían con el sendero tranquilo que había pintado nuestro consejero de la base del cerro.

Uno miraba las aerosillas, con qué facilidad lograban el ascenso, a pesar de que encima estas eran un poco más lentas que las del Cerro Bayo, por lo cual a mi me daban un poco más de impresión (y ni hablar cuando se detenían un buen rato y no se movían). Cada vez que veía que pasaba eso, estaba más seguro de que había tomado la decisión (para mí) correcta. Prefería disfrutar el sendero y cansarme, a estar sufriendo en esos momentos de inmovilidad en la aerosilla, que para colmo uno no decide cuando se baja… jaja…

A través de las columnas que sostienen al alambre de las aerosillas, nos ibamos dando cuenta qué tanto ascendíamos y nuestro paso era bastante lento en un principio. Llegaríamos a un confitería, pero que estaba cerrada (había varias que no estaban habilitadas, por no ser temporada de ski). Ya había pasado más de hora y media, y todavía no habíamos llegado al primer tramo de la aerosilla (nos faltaba un poco). Nos comunicabamos con Osk, y todavía no veíamos el parador donde él estaba. Pensabamos llegar allí y almorzar, y así lo hicimos (supongo que habrá sido la hamburguesa nacional más cara de nuestra existencia). El día estaba espectacular, pero para estar en una pileta, o en una playa, y no para estar ascendiendo a pie un cerro. El Sol pegaba muy fuerte, por suerte los tábanos no estaban tan molestos como en el Bayo.

Muchas veces pensé en parar, y dar la vuelta por donde vinimos. Hacía mucho calor, faltaba mucho camino, y la pregunta si llegaríamos aparecía bastante veces en mi mente. Sobre todo porque al otro día teníamos que seguir con nuestro viaje, camino a Esquel, o al Bolsón, o a donde sea. Fue en ese momento, cuando el ascenso al cerro tuvo un objetivo y cuando dejé de lado todo tipo de especulaciones imaginarias y mentales, y me aboqué a cumplir la meta (alguien la conocerá).

Fue entonces cuando terminamos de almorzar, “hicimos” la digestión, y seguimos viaje a la cumbre. La base del cerro Catedral (de donde partimos) se encuentra a 1.030 metros sobre el nivel del mar (no es que conozco exactamente estos valores, sino que los busqué ahora antes de hacer el post, pero los conocimos – aproximadamente – cuando almorzamos en la confitería), y la cumbre a 2.388 metros sobre el nivel del mar.

En menos de una hora llegaríamos a hacer los 200 metros que nos faltaban ascender, desde la confitería hasta la cumbre, donde nos encontramos con Osk nuevamente, y haríamos unas cuantas fotos para tener como recuerdo.

Cumbre en el Cerro Catedral

Se podía ver perfectamente la cumbre del Tronador, la isla Victoria, y un montón de picos más que estaban muy bien indicados por unos tubitos que hacían como una especie de mira y permitian identificar rápidamente los picos.

Cumbre en el Cerro Catedral (el pico con forma de volcán del medio es el Lann)

El descenso lo haríamos en mucho menos tiempo que el ascenso. En poco más de una hora ya estabamos de vuelta en la base del cerro, donde descansaríamos un rato con un “heladito”, y pasaríamos por el Lago Gutierrez sólo para conocerlo, porque el Sol había pegado fuerte, y no nos sentíamos con todas las pilas para seguir andando.

Cumbre en el Cerro Catedral

Sexto Acto: Bariloche

febrero 20, 2008

Bariloche (Lago Nahuel Huapi) 

Bueno era hora de partir. Había llegado el día en que dejabamos nuestro primer destino (turístico) para hacer la segunda parada, a pocos kilómetros de Va. La Angostura, y ese destino era la hermosa ciudad de Bariloche.

Llegaríamos a eso de las doce y media del mediodía a la ciudad, y luego de dar unas vueltas hasta encontrar el hostel (Alaska), dedicaríamos el día a recorrer un poco la ciudad.

Bariloche (Centro Cvico)

Sería nuestro primer gran almuerzo (ya que hiríamos a una parrilla), y luego de dar un par de vueltas por el Centro Cívico, pasaríamos por el circuito chico del Llao Llao. Pero no sabíamos lo que nos esperaba: vendría el primer gran gasto personal de Osk, que superaría todos los pronósticos. En el mirador del Llao Llao paramos para sacar un par de fotos (que terminó siendo sólo una), primero saldrían en la foto Oscar y Mauro, y luego cuando le doy la cámara a Oscar para que me saque también a mí, la cámara impactaría contra una gran piedra (que yo había usado para pararme encima y que la foto tenga un poco de altura jaja), y la lente de la cámara no saldría ni se metería más. Por lo cual seguimos dando la vuelta del circuito y a averiguar algún servicio técnico de cámaras digitales, pero en todos los lugares que visitamos, en ninguno reparaban cámaras digitales… por lo cual Oscar compró una cámara nueva, para reponer la que se había estropeado, y ya volvíamos a tener cámara para el resto del viaje. Esperemos tener buenas noticias sobre la reparación de la vieja… que iba a cumplir un año…

Bariloche (Mirador Playa Bonita)

Luego de superar este percance, pasamos el resto del día en Playa Bonita, donde nos metimos en el lago Nahuel Huapi, y estuvimos jugando a las cartas y tomando mate con gente que conocimos en el hostel, hasta que la luz del Sol nos seguía acompañando.

Quinto Acto: Cerro Bayo

febrero 20, 2008

Lejos había quedado la oficina, el ruido de los colectivos, el noticiero, los problemas de transporte de todos los días de los subtes y trenes. Ya empezábamos a sentir el aislamiento de toda la rutina que nos acompaña la mayoría del tiempo durante el año. Quizás sólo nos hacía recordar la rutina nuestro compañero de habitación, con el cual pocas palabras hemos podido cruzar en nuestro paso por la Villa. Cuando llegamos la primer noche al hostel, nuestro compañero estaba durmiendo, y nosotros irrumpimos alrededor de la 1 AM para poder ducharnos y acomodar nuestras mochilas y bolsos en la habitación. Temprano, por la mañana, a eso de las 6.30, nuestro compañero se tomaría revancha: se cepillaba los dientes con tanto esmero y dedicación, que el ruido del rozamiento del cepillo con su dentadura nos despertaba, y fue ahí cuando lo saludé por primera vez (aunque mi cara no habrá sido la mejor). Trabajaba en una obra cerca del hostel, pero era nativo de la capital de Neuquén, y su estadía en la Villa duraría al menos tres meses más, fue lo poco que supimos de él, en los efímeros encuentros matutinos cuando nos despertaba. Ahora, a la distancia, y recapitulando las frases de mis compañeros de aventura, no sería él realmente “el loco del cepillo“?

En el Cerro Bayo existían muchas actividades para hacer (rapel, arquería, caminatas, bicicleta, etc.). Nosotros subimos con la intención de hacer cumbre, y tener una vista panorámica de Villa La Angostura, y además cada uno optó por hacer una actividad.

 Cumbre en el Cerro Bayo (la tapa del disco?)

En mi caso fue el arco y la flecha lo que me llamó más la atención para hacer, mientras que los chicos optaron por rapel. Bueno pensé que el arco y flecha sería algo profesional (como uno suele ver en las olimpíadas), pero no fue así. Así que no habrán sido más de 50 flechas que habré lanzado, y sólo una de ellas dió casi en el centro (10 puntos). Muchas hasta se fueron del tablero.

Cerro Bayo (vista panorámica de Villa La Angostura)

Hay que hacer una mención especial a los bichitos (tabanos) que nos molestaron en gran parte de nuestra estadía en la Patagonia, sobre todo cuando subíamos cerros o estabamos a alguna altura considerable. Muy molestos por cierto, y la única forma de combatirlos era espantándolos…