Primer Acto: El inicio (camino a Santa Rosa, La Pampa)

Es difícil elegir por dónde empezar, cuando un viaje tuvo tantas anécdotas y lugares visitados, donde todas y todos merecen ser narradadas y narrados.

Es por eso que elegí hacerlo como fue el camino, y qué mejor que empezar por el inicio?

 Camino a Santa Rosa

15.47 fue la hora de salida hacia nuestras esperadas vacaciones. Esos momentos de los que siempre pienso y nunca escribo lo que se siente ocurrió otra vez. Ahora que no manejo ya que Osky tomó el control del volante puedo narrarlo. Son instantes en que todo lo posiblemente imaginado, fantasías, especulaciones sobre la realidad o el futuro ya no tienen lugar. Miraba hacia adelante, y Mauro ya estaba descendiendo del taxi que lo dejaba justo en el punto de partida. Y ahí ocurrió: esos momentos que son puntos de inflexión, cortan la historia o mejor dicho la dividen en actos (como si fueran tomas de una película). Lo importante es que ya estabamos ahí, listos para emprender nuestro viaje.

Hasta Mercedes el camino fue mezclando rutas, autopistas, pasos por distintos pueblos. Una vez que nos encontrábamos en 9 de Julio, la meta era una ruta. Ya podíamos empezar a hacer kilómetros y acortando distancias con nuestro primer parada: Santa Rosa, La Pampa. Nos sorprendía una tormenta bastante intensa a mitad del camino. El tio Osk recomendó como máximo 80 kilómetros por hora y así lo hicimos. Recuerden: viajar no es llegar a destino sino superar los obstáculos en el camino.

“Un camino recto a la desesperación” sonaba cuando transitábamos los últimos 100 kilómetros para llegar a Santa Rosa. En la voz de Cordero, el tema de la Bersuit, nos acompañaba, en un clima de paz, de descanso, de mucha tranquilidad. Me pregunto ¿a dónde vamos realmente? nuestro interior, ¿qué camino hace me pregunto?

Eso fue lo que pude escribir mientras seguíamos viaje, un hábito (el de escribir) que dejé al segundo o tercer día, por eso decidí copiar lo poco que había escrito y que transmite lo que sentía en cada momento que lo hice.

Llegaríamos sanos y salvo a Santa Rosa (como a la mayoría de los destinos restantes), y luego de cenar en una pizzería, previo brindis inaugural de nuestro viaje, buscaríamos alojamiento para pasar la noche. Fue entonces que paramos en un hotel, muy cerca de donde habíamos cenado y también a pasos de la terminal de ómnibus. No había habitación triple, pero sí una doble. Mauro, nuestro negociador por excelencia en el viaje, por una leve diferencia en el precio, consiguió que nos de un colchón más, para poder hacer uso de la habitación y descansar.

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