Octavo Acto: de Bariloche a Rio Mayo

Bueno este día creo que sería el día “nulo” de nuestras vacaciones, aunque si lo vemos desde otro punto de vista, nos sirvió para seguir viaje a nuestro destino más austral.

Los chicos se sentían bastante averíados del día anterior (una mezcla entre el Sol, la comida, cansancio, y otras yerbas hacía que no se sientan muy bien). Primero cayó Mauro, luego Oscar, y yo me limite a cenar (el día anterior) tan sólo una manzana, para evitar que la paranoia de la indigestión mezclada con la cantidad de horas que estuvimos al Sol haga que también me descomponga.

Me levanté a desayunar y obviamente los chicos siguieron descansando hasta eso de las 12, que luego de desayunar, también los acompañé en el descanso. Pero no tuvimos que pensar demasiado para armar los bolsos y mochilas, y continuar viaje. Cuando salimos de la habitación, no había nada que negociar. Nuestras camas ya estaban reservadas para otras personas (dado que ese día terminaba nuestra estadía), incluso estaban esperando que dejemos la habitación para cambiar las sábanas y limpiarla.

No había opción, teníamos que seguir camino, a pesar del Sol. A eso de las 14 partimos, siguiendo viaje hacia el Sur.

Tomaríamos un camino, que a mi entender, no era el que debíamos. Había dos formas (según había leído en alguna página de Internet) de llegar desde Bariloche hasta El Bolsón, evitando justamente el “Cañadón de la Mosca”, que no es más que una ruta de montaña que tiene camino de cornisa, y personalmente prefería evitar… Hasta ver un cartel verde de vialidad donde justamente decía “Cañadón de la Mosca” y ahí fue cuando le pregunté a Maurito (con bastante mal humor) si estabamos tomando el camino correcto.

Camino al Bolsón (cañadón de la mosca)

Pero ya estabamos ahí, y no había mas que seguir camino, y fueron unos pocos kilómetros donde bordeamos un par de montañas y luego el camino se volvió más monótono.

Paramos en una estación de servicio, y aproveché para saludar a mi hermano por su cumpleaños (ya era siete de febrero a esta altura), y optamos por seguir viaje a Río Mayo, donde pasaríamos la noche, en un hospedaje donde cocinaban muy muy bien jaja. Ya había aparecido el apetito, así que Mauro y yo pedimos pastel de papas, mientras que Oscar optó por una suprema de pollo con papas fritas, supremas que pediríamos al otro día para llevar como bianda durante nuestro camino a Perito Moreno.

Al llegar a Río Mayo, lo primero que nos sorprendió fue ver un cuartel de Gendarmería. Pensamos que el pueblo era sólo eso, hasta que preguntamos a una persona y para llegar al pueblo nos faltaban unos metros más. Allí encontramos unos cuantos lugares que parecían paradores u hoteles, también paraban muchos camiones que cruzaban a Chile llevando cargamentos.

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