Palabras a mí Mismo (Hugh Prather)

“Si solamente hubiera… […]
tornado contacto con aquellos que me rodeaban […]
Si hubiera olido el aire
e ignorado los formulismos y las obligaciones rígidas […]
…Tal vez no sea demasiado tarde”

Así comienza “palabras a mí mismo” de Hugh Prather, un libro sencillo como lo describe su contratapa, pero que sin dudas aporta frases para el autoconocimiento y la comprensión de los dilemas fundamentales a los que todos alguna vez nos enfrentamos o nos enfrentaremos. Yo llamaría a las cortos, pero esenciales y valorados párrafos, como esas “frases refinadas” que de vez en cuando nos topamos en nuestra vida. Generalmente me sucede de encontrarlas o de obtenerlas, de personas con mucha experiencia en un determinado ámbito de la vida. Bueno, este libro sería un resumen de esas frases refinadas, que para mi, a pesar de estar leyendo el libro por tercera vez, continuó relacionándolas y obteniendo reflexiones sobre mí. Si Richard Bach fue un autor que me marcó con sus “mensajes para siempre”, sin dudas hay un antes y un después de “palabras a mí mismo”. Ojalá disfruten de este extracto de frases, y aunque sea, resuenen con alguna de ellas. Si eso sucede, sentiremos algo similar. Abrazos.

“No quiero permanecer ajeno a mi quehacer tratando de convencerme de algo que no soy.
Rehuso hacer cosas por mis semejantes sólo para que éstos opinen bien de mí.

El tiempo es cambio.
Cuando hago algo no acostumbrado mis horas se llenan de segundos.
Lo familiar contiene menos tiempo porque implica menos cambio.

La confesión de un defecto puede ocultar la voluntad de no cambiar.
Ya que lo confieso no tengo que aceptar la obligación de cambiar.

Si viviera para obtener resultados estaría condenado a una continua frustración.

Ante el futuro sólo puedo decir: “será interesante ver qué ocurre”.
La exitación, el rechazo y el aburrimiento presuponen un conocimiento de resultados
que no puedo tener.

Si trabajo pensando en una meta mi vida se convierte en un proceso.

Si me forzara a un rol decidiendo hacer sólo una cosa en mi vida
mataría extensas partes de mi ser.
Reconozco que vivo en el presente, y hago lo que deseo hacer en cada momento
Y no aquello que decidí en el pasado.

Si considero el aburrimiento como señal de mi deseo de cambiar de actividad,
puede empujarme hacia nuevas ideas o tareas convirtiéndose en estímulo para la originalidad.

Si tomo en cuenta mis sentimientos durante el día y trato de hacer aquello que realmente deseo
no siento haber perdido el tiempo al final de la jornada.

El pasado se ha desvanecido y el futuro aún no ha llegado.
Mis deseos por lo tanto debe ser, sólo para y por el presente.

¿Estoy tratando con esto de ser yo mismo o satisfago una imagen feliz de mí mismo?
Yo soy todo lo que soy en el presente.
Lo que me gustaría o debería ser debo buscarlo en mi futuro.

El perfeccionismo es una muerte lenta.
Si cada cosa ocurriera como a mí me gusta o como la hubiera planeado
nunca experimentaría algo nuevo.
Mi vida sería una repetición infinita de viejos resultados.
Cuando cometo un error experimento algo inesperado.

Cuando haya escuchado a todos mis errores habré crecido.

Mi sensación de progreso se basa en la ilusión de que las cosas a mi alrededor no van a cambiar
y que finalmente he logrado un poco de control sobre ellas.

Esta farsa cotidiana de normalidad es uno de los crímenes mayores que nosotros cometemos.

No hay absolutos para algo tan relativo como la vida humana.

Para mí, el pensar es a veces un mecanismo defensivo,
un modo de evitar algunos sentimientos, un modo de no encarar
la situación en que me encuentro.
Especialmente en sociedad donda la razón es mi brújula.

Mi problema es analizar la vida, en vez de vivirla.

Cuando lucho, mi horizonte se estrecha y pierdo oportunidades.
Si me aferro, me niego a lo nuevo.
Si no veo algo, es como si no existiera.
Poco puedo hacer por mis sentimientos pero si me “doy cuenta” puedo al menos
eliminar el borde de miopía que cubre mis deseos.

La gente deshonesta confía más en las palabras que en la realidad.

La felicidad radica en una actitud hacia el presente y no en una condición futura.

Hubo un tiempo en que pensaba que para “ser auténtico” bastaba con actuar del modo que sentía.
Ahora creo que ser fiel a mí mismo implica no sólo reconocer todo lo que siento
sino que haciéndome responsable de mis actos, optar por responder a una parte de mis sentimientos.

Desde entonces he comprendido que los sentimientos se modifican
y que puedo contribuir a su cambio. Se transforman al darme cuenta de ellos.

Aceptar lo que es, es lo que se requiere.
Aceptar la realidad como realidad, es el ahora.

No luches con un hecho, Reconócelo.

Rechazar mis sentimientos es condenarme por tenerlos.
La parte rechazada reacciona tornándose más fea.

A menos que acepte mis defectos es seguro que dudaré de mis virtudes.

Si verdaderamente acepto mi conducta es que he dejado de juzgarme.

No soy responsable de mis sentimientos sino de lo que hago con ellos.

El darme cuenta de mis emociones aumenta mis alternativas, ensanchando el rango de mi elección.

El miedo es un zumbido que apaga la intuición.

El temor es a menudo una indicación de que huyo de mí.

Mi aspiración es que mis actos reflejen amor y respeto por mí mismo.

Cuestionar mis motivos me lleva a frustrar el deseo que tenía.
Sería más sano aceptar mis deseos, descubrir su dirección, aclararlos, no juzgarlos.
Entonces, al comenzar a actuar mis sentimientos se aclaran.

Ser yo mismo incluye arriesgarme, intentar nuevas maneras de ser,
aceptar los riesgos de nuevas maneras de “ser yo mismo” para poder ver cómo deseo ser.

Los temores, la indecisión y la frustración, se alimentan con palabras.

La crítica que más me hiere es aquella que hace resonar mi propia condenación.

Conozco dos caminos para descubrir las zonas que no veo de mí mismo.
Uno es saber qué rasgos de los otros me irritan
Y el otro es el reconocimiento de aquellos comentarios que me hacen ponerme a la defensiva.

Me gusta un hombre con fallas, especialmente si lo sabe.

Errar es humano. Yo me siento incómodo relacionándome con dioses.

He notado que a menudo hablo en general
para provocar la ilusión de verdad compartida.

Mis sentimientos sobre alguien no necesitan un alegato
pues no se generan en forma deductiva.

Una reacción negativa es mejor que ninguna reacción.
Preferiría que alguien me odiase a que no me viera.
Al menos si me odia, no le soy indiferente.

No tengo que sentirme herido por las críticas.
Es mi propia interpretación del significado
que tiene para mí lo que produce el dolor”

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3 comentarios to “Palabras a mí Mismo (Hugh Prather)”

  1. Carolina Says:

    Hola, quiero bajar este libro pero no lo encuentro
    alguien sabe de algun enlace????
    porfi 😦

    Gracias…

  2. Maya Barthó Says:

    Una grandeza!!!

  3. Pilar Says:

    ¡Hola!

    Yo lo he descargado aquí:
    http://www.libro-s.com/palabras-a-mi-mismo/1/

    Me ha encantado. Lo recomiendo también en mi blog.

    Saludos,

    Pilar

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