Archive for 25 septiembre 2008

Causas perdidas (Ivan Noble)

septiembre 25, 2008

Aparece, empuña su belleza 
y la ciudad retrocede un instante… 
Yo la miro desde el fondo del oleaje del recuerdo 
de los besos que perdimos en combate 
Saltábamos canguros de bar en bar, 
eran años chiflados 
Napoleones que juraban lo injurable 
en la placita del barrio 

Fueron tiempos deliciosos, yo sé,
la vida te da y te come
Años de salir a revisar los bolsillos de la noche…
 
Me decía: “usemos las estrellas de zaguán,
ayudáme a ver el cielo”,
“al fin de cuentas todos somos causas perdidas, 
de la carne a los huesos” 
Y hoy ando acobardado de verla así, 
con esa niebla en los ojos 
“hace rato que nadie pasa por acá, colega, 
¿te podrás quedar un poco?” 

Fueron tiempos deliciosos, yo sé, 
pero la vida te da y te come 
Años de salir a derrapar por las piernas de la noche… 
 
¿Será mucho pedir que el pasado venga mejor vestido 
y golpee antes de entrar? 
Hoy la memoria es un río traicionero y sin orillas 
donde uno no debiera pescar… 
“Te pido, no te ofendas si beso así, 
con este invierno en los labios…” 
“Es que hace mucho que nadie pasa por acá, colega, 
¿me querrás querer un rato?” 
 
Fueron tiempos deliciosos, yo sé, 
la vida te da y te come 
Años de salir a desnucar a los duendes de la noche… 
 
Fueron tiempos deliciosos, yo sé, 
la vida te da y te come 
Años de salir a revisar los bolsillos de la noche 
Noche a noche 
Noche a noche…

Tal Vez (Aristóteles Onassis)

septiembre 14, 2008

Tal vez yo voy a envejecer muy rápido, pero lucharé para que el día haya valido la pena.
Tal vez sufra innumerables desilusiones en el transcurso de mi vida, pero haré que ellas pierdan la importancia delante de los gestos de amor que encuentre.
Tal vez yo no tenga la fuerza para realizar todas mis ideas, pero jamás me consideraré un derrotado.
Tal vez en algún instante yo sufra una terrible caída, pero no me quedaré mucho tiempo mirando para el suelo.
Tal vez un día el sol deje de brillar, pero entonces ire a bañarme en la lluvia.
Tal vez un día yo sufra alguna injusticia, pero jamás iré a asumir el papel de víctima.
Tal vez yo tenga que enfrentarme con algunos enemigos, pero tendré la humildad para aceptar las manos que se extendierón hacia mi.
Tal vez en una de esa noches frias yo derrame muchas lágrimas, pero jamás tendré verguenza por ese gesto.
Tal vez yo sea engañado muchas veces, pero no dejaré de creer que en algún lugar alguien merece mi confianza.
Tal vez con el tiempo yo reconozca que cometi muchos errores, pero no desistiré de seguir recorriendo mi camino.
Tal vez con el transcurrir de los años yo pierda grandes amigos, pero aprenderé que aquellos que son mis verdaderos amigos jamás estarán perdidos.
Tal vez algunas personas quieran mi mal, pero yo continuaré plantando las semillas de fraternidad por donde yo pase.
Tal vez yo me quede triste al percibir que no consigo seguir el ritmo de la música, pero entonces haré que la música siga el compás de mis pasos.
Tal vez yo nunca consiga ver un arco íris, pero aprenderé a diseñar uno aunque sea dentro de mi corazón.
Tal vez hoy me sienta débil, pero mañana recomenzaré, aunque sea de manera diferente.
Tal vez yo nunca aprenda todas las lecciones necesarias, pero tendré en la conciencia que las verdaderas enseñanzas ya estan grabadas en mi interior.
Tal vez yo me deprima por no saber la letra de aquella canción, pero estaré feliz con las otras capacidades que si poseo.
Tal vez no tenga motivos para grandes conmemoraciones, pero no dejaré de alegrarme con las grandes conquistas.
Tal vez la voluntad de abandonar todo se torne mi compañera, pero en vez de huir, correré detrás de lo que deseo.
Tal vez yo no sea exactamente quien me gustaría ser, pero pasaré a admirar a quien soy.
Porque al final sabré que asi mismo con incontables dudas, soy capaz de construir una vida mejor. Y si todavía no me convencí de esto, es por que creo en el dicho “todavía no llegó el fin” porque al final no habrá ningún “tal vez” y sí la certeza de que mi vida valió la pena y yo hice lo mejor que podía.

De regreso

septiembre 6, 2008

Pasaríamos por el Pucará de Tilcara, enrarecidos entre la tristeza de la despedida de los chicos y las ganas de volver a casa.

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Misionando

septiembre 6, 2008

Era nuestra llegada a la escuelita de Santa Catalina. Los chicos que concurrían a la escuela, dejarían por una semana de dormir en ella, para darnos lugar a nosotros y hacer base allí. Santa Catalina es una de las escuelas a las cuales toda la comunidad lasallana le llevaba ayuda. Pero los chicos nos esperaban ansiosamente cada año, para el comienzo de la primavera. Los caramelos y un abrazo es lo que esperaban de nosotros ni bien descendíamos del camión de gendarmería.

Con los chicos de la escuela de Santa Catalina

Con los chicos de la escuela de Santa Catalina

En ese momento creo que es cuando tomé conciencia de todo lo que habíamos hecho: desde primer año hasta cuarto año de la secundaria, juntando diarios, organizando bailes, vendiendo ya el último año las calcomanías insignia de nuestro viaje, juntando todo tipo de donaciones, armando la caja con alimentos (y golosinas) que cada familia lasallana enviaba a una familia del norte junto a una carta. Clasificando, embalando, poniendo carteles a las cajas con los destinos, subiendo todas las encomiendas a los camiones del correo (si mal no recuerdo enviamos dos camiones completos). En fin, todo ese esfuerzo tomaba dimensión cuando pisamos las primeras escuelas. También es cuando uno pensaba que nada alcanzaba para suplir la pobreza de esas zonas, aunque algunas escuelas se encontraban con mejores condiciones (edilicias, económicas, etc.) que otras. Algunas eran más accesibles que otras. Los maestros rurales hacían un gran esfuerzo, como los chicos, para ir a educarlos.

Con los chicos de otra de las escuelas

Con los chicos de otra de las escuelas

Recorrimos muchas escuelitas, alrededor de 10 si mi memoria no me falla. Con los chicos de Santa Catalina es con los que más tiempo pasábamos, dado que desde la tarde preparabamos la cena y nos quedabamos jugando y hablando con ellos. También organizamos misas, dimos algunas “clases” (más que clases eran charlas) de catequesis. En alguna de ellas, también haríamos el típico partido de fútbol en la altura, contra gendarmería y los chicos. No recuerdo el resultado, sólo que uno se agitaba un poco a más de 4.000 metros de altura.

Casira era nuestro destino final, dado que era la escuela que veníamos apadrinando desde hace 18 años en aquel momento. Cuando llegamos, nos sorprendimos gratamente de que era una de las más avanzadas y con más recursos. De hecho, tenían ganado ovino (ovejas), e inclusive una de las donaciones que pudimos hacer con el esfuerzo de toda la escuela, fue llevarle más ovejas. Tenían edificios de ladrillos, construídos (si mal no recuerdo) por los mismos alumnos que habían viajado en oportunidades anteriores. También hacían vasijas de todo tipo, de las cuales nos llevamos un recuerdo dado que nos regalaron a todos una de ellas.

Creando vasijas con barro en Casira, Jujuy

Creando vasijas con barro en Casira, Jujuy

Casira esta en el límite con Bolivia. De hecho, alejándonos unos metros de la escuela, encontramos el hito geográfico que divide a ambos países. Allí varios nos sacamos una fotografía (la cual no encontré por ningún lado), pero si encontré a este burro que estaba en nuestro camino.

Burro en Casira, Jujuy

Burro en Casira, Jujuy

Los chicos de la escuela de Casira se despidirían de nosotros regalándonos una canción muy emocionante, que creo que todos los que la escuchamos podemos recordarla. Y obviamente, nuestro himno nacional.

En Santa Catalina, como despedida, nos prepararían pizza casera, junto a unas cuantas canciones que tocarían los chicos de la misma escuelita.

Cena despedida en la escuelita de Santa Catalina

Cena despedida en la escuelita de Santa Catalina

Ese fue nuestro viaje misional, al cual todos coincidíamos en querer volver algún día, por la enseñanza de valores y el intercambio cultural con nuestros hermanos de otras partes de nuestro gran país. Pero siento que de alguna manera volvimos, y seguimos yendo, cuando nos llega la calcomanía de los últimos viajes a nuestros hogares como egresados, para colaborar con los nuevos misioneros.

Sin título (¿y qué?)

septiembre 3, 2008

[Sobre la exigencia] por Victoria Ilarraz

 

¿Porqué tengo que hacer todo perfecto?, ¿Quién me manda a mí a ser la organizadora de la reunión si no tengo tiempo ni para pintarme las uñas?, ¿Qué hago a altas horas de la madrugada escribiendo un artículo al que nadie le puso una fecha de entrega límite?, ¿Porqué en el gimnasio a pesar de no dar más –y el dolor físico me lo está diciendo- quiero seguir hasta que se acaben los 25 minutos de la cinta?, ¿No me doy cuenta que no puedo cursar cuatro materias si trabajo nueve horas diarias?, y mucho menos, qué me hace estar en dos cumpleaños en una misma noche y no poder elegir uno y disfrutarlo?.

 

Lo peor de todo es que de esto me doy cuenta… Y LO SIGO HACIENDO!

 

Lo sigo haciendo hasta el punto en donde “no puedo” con todo… “me canso”, “me desgano”, “me frustro” y ni hablar si “me lastimo”.

 

¿Qué es lo que nos lleva a esforzarnos hasta que duele en vez de parar antes de que duela?, ¿Quién va a evaluar mi decisión final?, pero sobre todo ¿tendrá que ver el cómo la evaluará?.

 

Es como si internamente tuviéramos dos instancias en pugna… una que pide más, que critica, que juzga; y otra que se excusa, se justifica y se evade.

 

-“Dale nena, son 10 minutos más y llegas a la meta!”.

-“No!, no puedo!, estoy muy cansada, no sirvo para esto”.

 

Y ahí está amigos: una linda conclusión sobre mí, todo por que?, porque no me escuché, no tuve en consideración todo lo que ya hice, solo me fijé en lo que faltaba…

 

Por todos lados se ve en acción a la exigencia o acaso los argentinos no somos los mejores?. O acaso, no tenemos que ser los mejores?.

 

Hay mucho para decir sobre este tema, pero por hoy lo dejo acá. Creo que la clave es estar en contacto con uno mismo todo el tiempo. Así, puedo sentir que me esta doliendo (por ejemplo) y responsablemente decidir si seguir me conviene.

 

Les dejo una frase:

 

“La habilidad de desistir de respuestas obsoletas, de relaciones exhaustas y de actividades que exceden el propio potencial, es una parte esencial de la sabiduría de vivir”. Fritz Perls.

Cansado de Ser (El Bordo)

septiembre 2, 2008

Decís perdón y un vaso termina en el fondo de sed
ya fue, me voy, y puertas se cierran dejando caer
la sonrisa que esquiva a Carlitos que dice que hoy gana el Ciclón
le pateo cenizas al piso y me rindo frente a mi portón.

Avanzo por la calle angosta y me llama Graciela al pasar
le digo: Me abrigo, vos no te preocupes, si llueve no me va a importar.

Voy pensando en que no hace ni un año y las cosas ya no son igual
las disculpas no cuesta aceptarlas, me cuesta saber perdonar.

Y vuelvo a despertar, cansado de estar tan cansado de ser
me digo: “No hay mitad que sea tan mala como la que tenés”.

Y olvido que traigo conmigo canciones y amigos
tu alma es ahora mi estrella
el dolor ya no hace mal.

Mirando estoy, a veces me toca el silencio total
colgado de la hoja más alta del árbol que sé imaginar
porque hay cosas que sangran por dentro y nadie las puede notar
y me acuesto en la cama que un día la ropa te supe robar.

Si percibo en la luna esa luz eterna que reza tu nombre y convida el sabor
quiero amanecer que mañana no soy si no tuve tu ayer.

Camino a Santa Catalina

septiembre 1, 2008

El camino a nuestro destino sin dudas era muy largo. Habíamos partido del colegio por la noche, y nuestra primer parada era en la pcia. de Santa Fe, para cenar casi a la medianoche. Una pequeña trifulca se armaría con cantos, dado que no eramos bien recibidos en el interior en cuanto se percataban que eramos porteños. Nuestro buzo insignia nos delataba con el “La Salle Flores” estampado en el pecho. Pero no pasaba a mayores.
Al otro día, almorzaríamos ya en la provincia de Tucuman, con un poco de tiempo para recorrer la ciudad. Estaríamos un rato en la plaza de la independencia, visitaríamos la casa histórica y luego continuaríamos viaje hacia nuestra próxima parada: San Salvador de Jujuy.
A medida que nos acercábamos al destino final, la altura iba en aumento. Hoy en día habiendo recorrido la ruta 40, quien bordea en gran parte de su trayecto por la Cordillera de los Andes, la escolta desde Jujuy hasta la provincia de Santa Cruz, en El Calafate.
En San Salvador de Jujuy comenzaríamos a ver la realidad de nuestro país. Corría el año 1996 y la recesión se hacía sentir, más que nunca en el interior de nuestro país. Las calles del centro de San Salvador de Jujuy se veían inundadas por tenedores libres, todos de un mismo dueño (coreano). La primer noche la habíamos pasado en el micro, mientras viajábamos. La segunda noche la pasaríamos en un cuartel de Gendarmería, que nos prestaba sus camas para que nosotros descansemos. Una noche muy divertida por cierto, dado que eramos alrededor de 40 durmiendo en el mismo ambiente, con camas marineras de metal, en un cuartel de gendarmería! Eso sí, por la mañana, no nos salvaríamos, ya que bien temprano escucharíamos la trompeta (o no se que instrumento era), que llamaba a que los gendarmes se levanten, al igual que nosotros.

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Y ya era el segundo día de viaje. Nos dirigíamos a La Quiaca, antes pasaríamos por Purmamarca y conoceríamos también la Quebrada de Humahuaca. Nuestro viaje no era sólo misional, sino que nos permitiría también conocer la cultura y algunos destinos turísticos que siempre son reconocidos dentro del norte de nuestro país. En Purmamarca pasaríamos por el cerro de los siete colores, y también su Iglesia y el centro del Pueblo.

Vista desde el Hotel de Humauaca

Vista desde el Hotel de Humauaca

 En Humahuaca almorzaríamos en un hotel donde unos músicos regionales nos deleitarían con, entre otras canciones, “el carnavalito”, conocido de nuestras clases de música y de coro.
Hasta el momento, nuestro transporte hasta La Quiaca era nuestro micro, con el que habíamos partido desde el colegio. Una vez llegados al hotel de La Quiaca, donde pasaríamos nuestra tercer noche, cambiaríamos de transporte. De ahí en más, nuestro vehículo sería un Unimog de Gendarmería (esos camiones verdes típicos que todos alguna vez hemos visto). Debíamos envolver nuestros bolsos y equipaje con bolsas de residuos negras, para ser transportadas también en el vehículo, para evitar que el polvo entre entre la ropa. Viajamos todos en la parte trasera del Unimog, tapados con pañuelos, gorros, pasa montañas, lentes, y todo tipo de tela que evite que el polvo entre en nuestros ojos. El camino de ahora en más era sinuoso, de tierra, con pendiente.
En La Quiaca la altura ya se hacía sentir. La altura era de casi 3.500 sobre el nivel del mar (3.442), y algunos ya la sentíamos. Particularmente mis ojos estaban un poco saltones, con algún que otro pequeño derrame. Pero era más que normal, a medida que nos adaptabamos, la altura no se notaba. De hecho, terminamos jugando al fútbol a más de 4.000 metros de altura (y la pelota doblaba). No obstante, llamar a casa aliviaba los síntomas.