0 días

5.50 AM, sonaba el despertador del celular con uno de mis temas favoritos de mi actualidad (“hoy toca ser feliz” de grupo Mago de Oz). Ale pega un grito desde la cama de arriba “Diego ya son las 6” y le contesto “Ya se, dejé que suene para que te despierte a vos”. Incrédulo, rie.
A las 6.30 AM pasarían a buscarnos por el hostel Ladera Norte. La noche anterior habíamos hecho las últimas compras para llevar a la excursión (básicamente un par de botellas de agua mineral para portear hasta el refugio), y algo para desayunar. Nuestras mochilas se veían un poco descargadas a diferencia de cómo llegaron, pero no sería por mucho tiempo.

Camino a Junin de los Andes

Camino a Junin de los Andes

Puntual: el guía (Nahuel) que nos pasaba a buscar por el hostel, no demoró ni 1 minuto más de lo pactado. Eramos los primeros en subir a la 4×4 que nos llevaría hasta la entrada del Parque Nacional Lanin. Pasaríamos a buscar a otra cliente más por su correspondiente hotel, y emprenderíamos el viaje de aproximadamente 100 kilómetros hasta Junin de los Andes. ¿El clima? tal como nos habían anticipado: fresco, nublado, poco viento, pero había una pequeña llovizna que no estaba incluida en nuestros pronósticos. Pero era muy leve, y no llegaba a aplacar nuestros ánimos en lo absoluto. Nahuel decide detenerse en su casa, para poder tapar las mochilas con una lona, y que no se mojen. También nos comentaba que lo mejor, en cuanto a pronósticos climáticos, era siempre verificar tanto el lado argentino de la cordillera, como el lado chileno. Es por eso que era aconsejable, siempre que se iba a la montaña (a esta montaña), ver cómo estaría el clima en Pucón (localidad chilena). Y decía: “si en Chile esta bravo, lo más seguro es que eso luego venga para Argentina”. Por eso que cuando llegamos a la entrada del parque, y veíamos el cielo abrirse del otro lado (algo de celeste por fin), se nos dibujaba una sonrisa con ánimos de proyectar un cielo totalmente despejado para las próximas horas. Pero de a poco.

Camino de ripio entrando al Parque Nacional Lanin

Camino de ripio entrando al Parque Nacional Lanin

Era muy llamativo recorrer el pueblo de Junin de los Andes (aproximadamente 15.000 habitantes según nos contaban), y ver que las casas no tenían protección alguna: ni cercos, ni rejas. Las ventanas eran vidrios totalmente transparentes, donde no había ninguna intención de taparlas con barrotes. Terrible contraste con la actualidad que vivimos los habitantes de muchas ciudades mucho más urbanizadas. Las puertas sin cerrar, los autos estacionados con ventanillas abiertas y las llaves puestas, carteles en las casas que hasta informaban el nombre de la familia que la habitaba. Sin semáforos, un paisaje increible. Sin dudas un lugar para conocer, e invita a un cambio radical en la vida que vivimos los que habitamos la Ciudad de Buenos Aires.

Base del Lanin, cubierto por nubes. En el horizonte, la esperanza

Base del Lanin, cubierto por nubes. En el horizonte, la esperanza

El Lanin no se dejaba ver desde la ruta. Más bien, las nubes no nos dejaban verlo. El camino de ripio que conducía a la entrada del Parque Nacional se encuentra en muy buen estado, y allí comenzabamos a visualizar al resto de nuestros compañeros que se sumaban a la aventura. Había dos parejas, una extranjera y otra de nuestro país, dos pares de amigos, y tres personas “sueltas”, como suelen llamarle. 11 clientes, y 3 guías. Una buena proporción (1 guía cada 4 clientes).
Eran poco más de las 8 y media de la mañana, y comenzaban a repartirnos las cosas que debíamos portear cada uno de nosotros: casco, grampones, bastones (aunque yo llevaba los míos: telescópicos), polainas, un par de frutas, almuerzo para los dos días de excursión (sandwiches de jamón y queso), algún paquete de galletitas, y una bolsa con caramelos, barras de cereal y algunos chocolates. Eso terminaba por colmar la capacidad de mi mochila (o al menos, hacía que tenga que usar la extensión de 15 litros).
Terminamos de ajustar la mochila (importante que quede bien apretada sobre los huesos de la cadera, para llevar en los hombros el menor peso posible). La idea era que el 60%-70% del peso se lleve en la cintura, y el resto lo cargue la columna vertebral. Difícil de medir, pero la idea es que cuando uno camina, entre los hombros y las cintas de la mochila, tiene que haber un poco de juego. Eso indica que la mochila casi ni se apoya en los hombros, y eso evitará dolores de espalda, y sobre todo, contracturas. Lo ideal: mochilas que vienen con la cinta de la cintura con huecos especiales para que los huesos de la cadera queden inmersos en el cinturón de la mochila.
Terminamos de ajustar el equipo, sobre todo la gente que había alquilado parte (como ser botas, aunque es poco aconsejable por el riesgo de ampollas).
Y empezabamos el recorrido por el bosque de Araucaria. Sin pendiente, era un buen trayecto para terminar de ajustar la mochila, y la comodidad. Una vez pasado el bosque, aparecía el cartel que anunciaba el inicio del ascenso al Volcán Lanin, y nos anticipaba una experiencia increible.

Cartel de bienvenida al sendero para iniciar el ascenso

Cartel de bienvenida al sendero para iniciar el ascenso

Se formaba la fila, uno tras otro, comentarios para romper el hielo entre nosotros mismos, algunos hablaban más, otros compenetrados seguíamos con atención el terreno, que comenzaba a ponerse pesado. Yo prefería el silencio. Y pensaba la cantidad de veces que había leido acerca de la famosa “espina de pescado” que estabamos comenzando a transitar. Muchos habían hablado del “acarreo rocoso” y nosotros esatabamos empezando a experimentarlo. Hablaban de 5 horas hasta el refugio, y era verdad. El primer día estaríamos alrededor de 6 horas caminando hasta el refugio CAJA, que se encontraba casi a 2.600 metros de altura.

Comienzo de la espina de pescado

Comienzo de la espina de pescado

Espina de Pescado

Espina de Pescado

Espina de pescado

Espina de pescado

El acarreo rocoso: terreno con arena, tierra, ceniza volcánica y piedras volcánicas (filosas). ¿Cual era el inconveniente? al ser blando el terreno, uno sentía que daba un paso (geográfico) cada 3 pasos reales. El pie de apoyo descendía cuando el otro intentaba trepar. Como caminar en arena, pero en subida. Pisar rocas con la planta del pie y que nos desestabilice el tobillo. Había que cuidar eso: tobillos, rodillas. De a poco, paso a paso. Me acordaba: “cada paso habilita el siguiente”. Lo había puesto en el msn varias veces, y era el momento preciso para ponerlo en práctica. Uno no iba a llegar, donde sea que fuera, sino pensaba en cada uno de los pasos que daba. Al fin y al cabo, el destino era una sumatoria de hechos que se fueron dando, para que uno este allí, en el camino. Podría nombrar muchos: consultas con diferentes agencias para averiguar, reserva de pasajes, de hospedaje, conseguir todo el equipo apropiado, tener la disponibilidad de días en el trabajo y al mismo tiempo la disponibilidad económica que demandaba, estar con un estado de salud y físico aceptable para no ir a perder el tiempo, y sobre todo un estado “psíquico” que nos iba a permitir permanecer en la montaña.

Descanso transitando la espina de pescado

Descanso transitando la espina de pescado

El camino comienza a ser más inclinado

El camino comienza a ser más inclinado

Espina de Pescado desde arriba

Espina de Pescado desde arriba

Camino al refugio militar

Camino al refugio militar

Comenzabamos a estar a la altura de las nubes

Comenzabamos a estar a la altura de las nubes

Refugio militar (nuevo) a 2.315 metros

Refugio militar (nuevo) a 2.315 metros

La cumbre ya se dejaba ver

La cumbre ya se dejaba ver

Refugio militar (nuevo), nubes detrás

Refugio militar (nuevo), nubes detrás

Seguiamos camino hacia el refugio CAJA, casi a 2600 metros

Seguíamos camino hacia el refugio CAJA, casi a 2600 metros

Nieve y nubes

Nieve y nubes

La pendiente aumentaba, y superabamos de a poco a las nubes

La pendiente aumentaba, y superabamos de a poco a las nubes

Así que ahí estabamos. Despacito, pero constantes. Cada 50 minutos o 1 hora, parabamos a descansar unos minutos. La hidratación debe ser continua, y no en cada parada (de ahí la ventaja de los equipos de H2O para las mochilas, que incluyen un tubo que llega hasta la boca, para tener el agua “a mano”). Por mi parte, tenía la botella de nalgene colgada de una de las cintas de la mochila, en mi pecho, soportada con el adaptador que hicimos con Elsa. También llevaba botellas de 500 ml en los bolsillos laterales de la mochila. Llevabamos 2 litros cada uno, que deberíamos utilizarlos en el camino. En el refugio, derreteríamos nieve para tener más agua. La desventaja de esta agua (nieve derretida), es que no posee sales ni minerales, por lo cual, en conclusión, no hidrata. De ahí que los guías nos repartieron jugos para mezclar con el agua (tang, etc.), y que le de algo nutritivo y de sabor. Sería el agua que utilizaríamos en el segundo día.

El viento empezaba a sentirse

El viento empezaba a sentirse

Por fin, el refugio CAJA

Por fin, el refugio CAJA

Lo que faltaba, para el otro dia

Lo que faltaba, para el otro día

La sombra del Volcán Lanin, que se proyecta al atardecer

La sombra del Volcán Lanin, que se proyecta al atardecer

Sopa de nubes

Sopa de nubes

El clima se estaba portando de diez. La mayoría del tiempo gozamos de fresco (20 grados como mucho) y nubes que nos tapaban de los rayos del sol, y hacían más amena nuestra caminata. Hasta que a la altura de 2.300 metros (donde se encuentra el primer refugio militar, donde sólo pararíamos para reponer agua), comenzabamos a superar a las nubes, y el sol nos daba por completo. Pero faltaban tan solo 300 metros de desnivel para llegar al destino de nuestro primer día de travesía.
Los que no se hidrataron durante la caminata, comenzaban a sentir algún síntoma de cansancio, mareo. Tropezaban con algunas rocas. Pero todos a salvo, algunos más cansados que otros. Al llegar al refugio, podíamos, tranquilos, mirar hacia arriba: la cumbre, totalmente despejada, impecable.
Luego de cambiarnos la ropa mojada, elongar (importante) y descansar un poco, EN ESE ORDEN, teníamos tiempo para admirar el paisaje a nuestro alrededor. Ya se podía ver el lago Tromen, la aduana chilena y argentina, el volcán Villarrica alineado con el Lanin, parecen hermanos.

Tomaríamos algo caliente a la tarde, una picada. Teníamos que reponer fuerzas para estar lo mejor posible para atacar la cumbre a las 3 AM del otro día.
Casi las 9 de la noche, y ya se podía ver la Luna (llena), que se despertaba para alumbrar lo que sería nuestra travesía nocturna.
Dentro del refugio, sentíamos alguna que otra pequeña ráfaga de viento (se que no llegaban a ser ráfagas, pero para que se entienda). Era intermitente. Nuestras caras, expectantes. Nos mirábamos. Algunos sólo merendaban, otros charlaban (de todo), otros seguían sacando fotos afuera, otros querían descansar. Yo intentaba vivir segundo a segundo la experiencia. No quería perderme de nada, por eso salí a sacarle fotos a la luna con el atardecer. A la sombra proyectada del Volcán Lanin sobre las nubes.

La Luna se despertaba al atardecer

La Luna se despertaba al atardecer

Cenaríamos ravioles, con la opción de crema, y queso rayado. Algunos repitieron. Yo quería estar lo más liviano posible, para poder dormir, cosa que lograría recien pasadas las 23.30.
Una pareja dormiría en carpa, fuera del regufio. Nosotros, los nueve restantes, ubicados en el refugio. Tengo que dormirme me decía, tengo que dormirme! pero a pesar del cansancio, no podía. Quería descansar, me cuesta sentirme bien cuando duermo muy poco, pero eran las reglas del juego.

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