Ascenso al Cerro Lajoso Otoño de 2009

No todo es negativo. Hay que aprender y saber ver lo positivo de las situaciones, del tiempo transcurrido. Sino parecería que uno no cambia, que no toma decisiones, que todo lo que hace no tiene sentido, al menos para uno mismo. De alguna manera, creo que lo comencé a enfrentar, al menos desde este aspecto. Es verdad que algo nos une, a todos aquellos que decidimos caminar sobre una montaña, y sentir que tenemos la oportunidad de acariciarla en lo máximo, en su cima o cumbre, como quieran llamarla. Pero ese mismo proceso, el de caminar, el de dar cada paso que sumarizados se transforman en metros, y en kilómetros, hay algo interno que nos hace darlos. Cada uno es importante, cada paso es importante. Como alguna vez lo resumí en “cada paso habilita el siguiente”. El recorrido, el ascenso, y el descenso, creo que es un proceso interno hacia nosotros mismos. Hacia lo más interno de nuestras almas. Y cuando llegamos a ese lugar tan especial, donde todo es tan frágil pero a la vez tan auténtico, es donde las emociones le ganan a nuestros escudos racionales, y fluyen, como si nada, hasta quizás dando lágrimas que dejan la huella de que hemos llegado, independiemente del lugar geográfico que hayamos alcanzado. La famosa “cumbre”, es algo simbolico. La cumbre la alcanzamos cada vez que nos encontramos conectados con nosotros mismos. Y que bueno habernos encontrados en esta situación climática por demás adversa. La lluvia combinada con un intenso frío, demarcaba por demás lo importante que era sentir en nuestro interior el calor que nos mantenía vivos, y nos daba la fuerza, por pequeña que fuera, de dar el siguiente paso, pasadas las más de seis horas de trayecto. Es verdad que todos los que allí estabamos teníamos experiencia en montaña, inclusive en alta montaña por poca que fuera. Eso nos hacía un grupo fuerte. Y mi mochila, era una de las más livianas de todos los viajes que pude realizar. Y ya creo que la mochila es una gran analogía con la vida, con los sentimientos que uno lleva al hombro, y que muchas veces no logra dejarlos, soltarlos, expresarlos, para viajar más liviano. Pero como comenzaba escribiendo, hay que verle el lado positivo, cada vez está más liviana.

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