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Chañi Carta 1

abril 16, 2011

Chañi

me preguntaba qué he venido a buscar al Chañi, a esta experiencia tan movilizante que sólo cuando uno la vive en carne propia sabe de qué se trata. El interrogante aún continúa pero en menor escala. Creo que el aislamiento de absolutamente todo de lo que cotidianamente uno acostumbra llamar MUNDO se hace sentir, y que esto ocurra considero que no es bueno ni malo, sólo hace sacar a la luz las cosas esenciales que realmente tienen valor en nuestra vida, y que cuando ahí estamos (en nuestra cotidiana vida) ni cuenta de ello nos damos.

Quizás sea un poco triste tener que pasar por estas experiencias para dar cuenta de esto, pero que bueno que felizmente tenemos la oportunidad de hacerlo. Tampoco significa que no valoremos lo que tenemos, quizás cuando regresemos todo tenga más valor del que solíamos darle.

Y cuando uno se encuentra con personas tan puras como Virginia, es ese momento que nos vemos vestidos de contaminación y queremos contactarnos tan sólo con nuestras emociones.

Emociones: es eso lo que he venido a buscar al Chañi. O más bien la sensibilidad perdida que todos sabemos que contamos, pero que muchas veces se ve bloqueada por esos “no se qué” que no nos permiten avanzar con nuestros proyectos en todo sentido.

Y si de emociones se trata con sólo escuchar las palabras de Virginia y su simpleza, y esencial amabilidad para con el prójimo, seguramente uno se encuentre contactado con el corazón, y toda la historia que lleva detrás de esa hermosa alma.

Es ahora, escribiendo, que me doy cuenta que lo que he venido a buscar al Chañi, en realidad, lo llevaba dentro.

Es verdad, sin dudas todo este contexto de naturaleza, soledad y carencias, es lo que produce que uno mismo se contacte con lo más profundo que tiene en la vida, y esos son nuestros afectos.

Esos tesoros que no están a simple vista, pero que son el motor, además de nuestros desafíos personales, para que esta experiencia nos hagan dar el verdadero valor a los vínculos afectivos que cada uno de nosotros tiene.

No me animo a llamar “sufrimiento” por lo que hemos pasado. Creo que sería una falta de respeto a las personas que luchan día a día por no tener ni si quiera con qué alimentarse. Más aún cuando esta experiencia fue elegida por cada uno de nosotros. Pero si estoy completamente seguro que cada uno de nosotros disfrutará mucho más que antes, de las cosas simples de la vida, como abrir una canilla y beber un vaso de agua.

Y creo que va de la mano en este “desafío” que nos pusimos como meta, el hecho de alcanzar una cumbre o quedar en el intento. Y desde ese punto de vista “exitista” de la vida, más bien yo diría que el alcanzar una cumbre no es quién ha llegado más alto, sino quien ha tenido la facultad de “hacer cumbre” desde una visión humana, más allá del tecnisismo. Y eso no se ve en una foto.

Escrito el 6 de Mayo de 2010, en Ovejería, por Diego M. Cesario

p.d. gracias Gaby por lápiz y papel!

Carta I

En Ovejería, con Witto, Javi, Virginia, Gaby