desde la pared sur (y no precisamente la de Aconcagua)

desde la pared sur

desde la pared sur

al juzgar por su edad, cualquiera de nosotros (o todos), podríamos decir que esta atravesando la “edad del pavo“.
o que se encuentra en la plenitud de su adolescencia.
su andar dubitativo, a veces lento; se da vuelta de repente en una vereda y te lleva por delante, sin querer.
el hecho de escuchar música “fuerte“, o mejor dicho, a gran volumen; o mejor aún, al volumen necesariamente alto para que los demas sepan que le gusta “ese” grupo, o que está en la última moda.
el acné característico está presente, y si no lo fuera sería algo raro, aunque particularmente no recuerdo haberlo sufrido demasiado.
al juzgar por sus catorce años y monedas, el hecho de estar atravesando la secundaria lo hace pertenecer a ese escalón donde uno no es lo necesariamente adulto para ciertas cosas, pero tiene la suficiente edad para otras.
la inestabilidad e inquietud característica que intentan comenzar a dar las últimas pinceladas a la identidad, y su personalidad.
el no darse cuenta que hace cosas que invaden a otras personas, o simplemente molestan porque superan ciertos límites, también hacen ver que es todo un adolescente, si a edad cronológica nos referimos…

pero este no es el caso.
tiene catorce años “bien puestos“.
desde que lo conozco es selectivo con sus relaciones, y con sus vínculos.
nació comprometido y sincero, como sus fundadores.
sus tutores poseen esa magia de saber quien puede llegar a mimetizarse en él sin dejar de poner su cuota de personalidad, y al mismo tiempo dan la oportunidad a quienes podrían estar en la frontera y de sólo ellos depende dar el paso o no, de pertenecer.
sabe guardar secretos, puedo asegurarlo.
aprendió a confiar de a poco, y pocas fueron las veces que perdió la confianza por completo.
siempre habló, sólo había que estar atento a lo que decía, o interpretar los mensajes que aparecían resonando en alguna de sus campanas. mejor dicho, siempre comunicó: gestos, miradas, posturas, y de vez en cuando palabras.
fue por momentos asmático, hasta que se dió cuenta que había situaciones que lo llevaban a tal asfixia, sólo era cuestión de identificarlas.
sabe de rondas de sensaciones, y a pesar de su revolucionaria edad, puede contactarse con sus emociones.
evita juzgar y participar en juicios de valor. para que se entienda, no es una frase armada. juicios de valor = bien o mal, blanco o negro, si o no.
aprendió a darle color a la vida, y de ahí nos enseñó que sí existen grises, más allá que a veces nos hayamos sentido en el limbo (o si quieren ponerlo en otras palabras “tocando fondo“).
lo bueno de tocar fondo es que no se puede ir más abajo; lo que resta es encontrar la forma de empezar a elevarse con mayor seguridad de la que se llegó hasta allí.
conoció días radiantes, calurosos, grises, de grandes tempestades y tormentas que parecían boicotear el espacio, pero no pudieron, nadie ni nada.
el recien haber comenzado o estar terminando el año, nunca lo hizo dudar acerca de la intensidad de sus temas.
los éxitos, los fracasos, nuestras zonas oscuras y no tanto, nuestras miserias, ninguno de ellos se toman vacaciones. ¿por qué habría que dejarlas de lado o darles descanso?
conoce de horarios, de ganas de trabajar y también de desgano. detecta incomodidades, inseguridades y así también elije compañeros que arrojan un salvavidas, desde donde sea. siempre salió al rescate por cualquiera, aunque se esté yendo, siempre.
no es para nada orgulloso. no conoce el olvido, pero si se olvidó el rencor y la venganza en algún punto de todo su aprendizaje, aunque no se de cuenta.
aprendió a poner límites, y los supo mantener a pesar que al principio el costo parecía ser muy alto; sostenerlos quizás es más complejo que fijarlos.
se enojaba, y mucho. canalizó sus enojos expresándolos. supo que detrás de esa “máscara” podía haber algún mensaje. y hasta el día de hoy trata de enseñarnos que de nada sirve acumularlos.
la ansiedad no pudo detenerlo. de a poco fue desactivando ese mecanismo que tan sólo generaba malestar. aprendió a esperar, aunque muchos no le hayan tenido la paciencia que necesitaba.
transitó momentos difíciles. incorporó a la muerte como parte de la vida, aunque sea difícil de entender. o mejor dicho, siga soprendiéndonos a pesar de ser una de las pocas certezas. supo buscar compañía para encontrar alivio al transitar duelos o despedidas.
la vida es frágil, escuché muchas veces. y siempre la visualicé como un finísimo y delgado hilo. nunca sabemos cuando se cortará, pero podemos prevenirnos lo mejor posible para que ello ocurra en su debido tiempo.
desde aquel día decidí vivir al día con mis sentimientos, aunque muchas veces cueste llevarlo a la práctica.
nos cuidó exponiendo nuestros descuidos en palabras y llantos. nos enseñó que hablando los dramas no son tales, o al menos su intensidad disminuye. hablar de nuestros conflictos invita al alivio a estar presente. irse más aliviado de como uno llegaba era un gran paso.
nos ayudó a apartarnos de viejos lugares incómodos que sólo manteníamos “porque sí“, porque es mi rol o siempre lo fue. a estar un poco ausente a espacios en donde tan sólo estaba la obligación de estar allí.
no le dio tanto lugar a la culpa, más bien siempre buscó responsabilidades. a hacerse cargo. ¿quien se anota?
nos devolvió puntos de vista, aunque a veces los hechos hablaban por si sólos y no los podíamos reconocer.
nos ayudó a deshacernos de ese mecanismo de aparentar escuchar a las personas, y contestar con ese guión armado que muchos tienen, y muchos más no se dan cuenta que lo tienen. ¿cómo estas? ¿todo bien? me alegro.
presente estuvo siempre, hasta hoy mismo.
pero este “adolescente” decidió cambiar, y en los cambios aprendimos que perdemos y ganamos, siempre.
y dicha esta descripción a la que podría seguir agregando cualidades, bien a la vista está que el rótulo de adolescente no le cabe más, si es que alguna vez lo fue.
cerrar una etapa no es morir. ni dejar de existir.
tiene un lugar reservado en el corazón de los integrantes que supieron valorarlo. algunos tan sólo lo recuerden con la memoria, otros lo llevaremos presente en nuestros corazones.
el sentimiento es atemporal, no reconoce segundos ni años.
cualquiera de sus miembros podrá remontarse a alguna sesión y recordar una anécdota, que lo ayudo a hacer un cambio en su vida. o que al menos lo hizo ver que existe el cambio, sólo es cuestión de proponerselo. que las oportunidades existen sólo hay que estar disponibles para ellas, y que desde el “valle de la queja” puede no verse ese filo que nos puede llevar a la cima, o al menos a intentarla. y que si hay mucha niebla es cuestión de caminar de a poco para buscar que se despeje, tener paciencia y esperar.
evolucionó y será sin dudas nuestro soporte espiritual.
inclusive en esta despedida también nos deja otra enseñanza: soltar para crecer dijo una compañera.
sabe que, aunque el espacio ya no existirá, si lo seguirá haciendo la red que supo formar.
sin dudas que hablo del grupo, el de los martes, que no tiene un nombre, pero sí tiene un alma infinita.
es el grupo de Nora, y de Guille… Simplemente Gracias!

Fin de año 2005

Fin de año 2005

Fin de año 2009

Fin de año 2009


La última configuración - 2011 - "Soltamos para crecer"

La última configuración - 2011 - "Soltamos para crecer"

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Una respuesta to “desde la pared sur (y no precisamente la de Aconcagua)”

  1. mariela Says:

    increíblemente cierto! con qué claridad plasmaste lo que nos dio el grupo, me anoto!!!!! en todoooooooooo

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