Epitafios

Epitafios. Un epitafio es el texto que honra al difunto, la mayoría normalmente inscrito en una lápida o placa. [Wikipedia]
La primera vez que lo pensé la idea me pareció un tanto tenebrosa. Me dio un poco de miedo, tal vez sembraba eso en los demás. A medida que fue pasando el tiempo, pensar que podía ser una guía de vida y desvincularlo con la muerte me pareció una buena idea, despegarlo de la muerte. Tal es así que hoy lo he adoptado como filosofía, por llamarlo de alguna manera.
Existen muchos epitafios famosos. Sólo es cuestión de poner las palabras adecuadas en algún buscador de Internet, y nos depositará en frases resumidas que fueron la resultante de muchas vidas, por lo general de personas que, por alguna cuestión, fueron famosas o trascendentales para una gran cantidad de gente, o incluso para la humanidad, sin importar el juicio de valor que se haya hecho sobre sus acciones en vida.
Fue cuando comencé a descubrir las vidas concluidas en tal solo una frase, y me pregunté ¿por qué no la mía?. Estoy convencido que no hay edad para trascender. Pero si que hay que tenerlo en mente, o estar dentro de nuestros objetivos. Al menos haberlo pensado una vez, y estar disponible para ello.
Y ahí es cuando comencé a indagar sobre el final. Una de las pocas certezas de nuestras vidas, además de nuestro nombre y fecha de nacimiento. Era tan sólo cuestión de acelerar el tiempo, apretar la tecla de forward, adelantar, ir hasta donde se acabe la cinta, hasta que la casetera haga “tac”, hasta que la pua del tocadisco de vueltas infinitas sobre el surco periférico que indica que la música se acabó, el disco terminó.
Era tan sólo cuestión de animarse y llegar hasta la frontera. Esa delgada línea que separa la vida conocida de aquella vida desconocida. He leído algunos escritores que dicen que cruzada esa frontera, nos encontramos en el mismo lugar que estuvimos antes de nacer. ¿Será posible recordarlo? Al menos da alivio pensar que ya hemos estado allí.
Al margen, un epitafio es algo que sintetiza lo que fue nuestra vida terrestre, nuestro paso por el Planeta Tierra; ¿hemos dejado huella? ¿o seguimos las pisadas de otros?. Cuando digo nuestro paso por la Tierra, es el concepto de vida que todos conocemos. Pero entonces me preguntaba por qué no poner nuestro epitafio, hasta hoy seguramente desconocido, como un objetivo rector de nuestra vida. Una directriz que defina nuestros actos, lo que queremos ser y lo que no queremos ser. Tal como queremos que seamos recordados instantes después de haber cruzado la frontera. Suena fuerte cuando nos chocamos con ese pensamiento por primera vez. De hecho a mí me sigue resultando un tanto impactante leerlo y más aún si lo hago en voz alta. La voz se escucha con esos altibajos que no podemos controlar, es nuestra alma la que lee y no comprende de cuerdas vocales ni tonos de voz: pero se comunica perfectamente. Pero es innegable que ese pensamiento, que algunos podrán calificar como “siniestro”, o quizás podamos negociar en “angustiante”, luego de un paseo nos deposita directamente en donde habitamos: en el presente. Inmediatamente nos trae de regreso a donde nunca dejamos de haber estado. Al campo de la acción, donde podemos hacer. Nos hace reaccionar. Lo imagino como un shock eléctrico que automáticamente dispara ciertos cuestionamientos como ser “¿qué estas haciendo de tu vida?”, “¿estás de acuerdo con la mayor parte de cosas que haces?”, “¿estas omitiendo algo importante que se pospone día a día por típicas excusas humanas que no hacen más que demorar nuestro accionar?”, “¿coincide tu yo interior con el que es percibido por los demás?”. Yo diría que lo ideal sería que nuestra voluntad acompañe cada segundo de nuestra consciente existencia. Aunque muchas veces olvidemos cuál es nuestra voluntad, tomarse unos minutos para reflexionarlo no es mala idea.
Pero adelantar hasta el final de nuestra vida creo que nos regala instantáneamente la invalorable reacción de devolvernos al aquí y ahora. De regreso a casa. Qué alivio.
Y tener nuestro epitafio bien presente, y cuando digo presente es haberlo pensado y sentido al menos una vez en nuestra existencia, hace que se transforme en un lineamiento directriz en el resto de nuestros actos. En algún momento podremos desviarnos, pero no será perder el rumbo hacia donde queremos llegar. Como cuando nos acercamos a una montaña, podemos visualizarla desde lejos, aunque estando bien cerca de ella podemos perderla de vista. Pero siempre habrá algo de él en nuestras acciones, puedo asegurarlo.

Le gustaba emocionar a las personas. Si se preguntaban cual es el mío, ya lo conocen.

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