Archive for the ‘Viaje Misional a la Frontera’ Category

De regreso

septiembre 6, 2008

Pasaríamos por el Pucará de Tilcara, enrarecidos entre la tristeza de la despedida de los chicos y las ganas de volver a casa.

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Pucará de Tilcara - Año 1996

Misionando

septiembre 6, 2008

Era nuestra llegada a la escuelita de Santa Catalina. Los chicos que concurrían a la escuela, dejarían por una semana de dormir en ella, para darnos lugar a nosotros y hacer base allí. Santa Catalina es una de las escuelas a las cuales toda la comunidad lasallana le llevaba ayuda. Pero los chicos nos esperaban ansiosamente cada año, para el comienzo de la primavera. Los caramelos y un abrazo es lo que esperaban de nosotros ni bien descendíamos del camión de gendarmería.

Con los chicos de la escuela de Santa Catalina

Con los chicos de la escuela de Santa Catalina

En ese momento creo que es cuando tomé conciencia de todo lo que habíamos hecho: desde primer año hasta cuarto año de la secundaria, juntando diarios, organizando bailes, vendiendo ya el último año las calcomanías insignia de nuestro viaje, juntando todo tipo de donaciones, armando la caja con alimentos (y golosinas) que cada familia lasallana enviaba a una familia del norte junto a una carta. Clasificando, embalando, poniendo carteles a las cajas con los destinos, subiendo todas las encomiendas a los camiones del correo (si mal no recuerdo enviamos dos camiones completos). En fin, todo ese esfuerzo tomaba dimensión cuando pisamos las primeras escuelas. También es cuando uno pensaba que nada alcanzaba para suplir la pobreza de esas zonas, aunque algunas escuelas se encontraban con mejores condiciones (edilicias, económicas, etc.) que otras. Algunas eran más accesibles que otras. Los maestros rurales hacían un gran esfuerzo, como los chicos, para ir a educarlos.

Con los chicos de otra de las escuelas

Con los chicos de otra de las escuelas

Recorrimos muchas escuelitas, alrededor de 10 si mi memoria no me falla. Con los chicos de Santa Catalina es con los que más tiempo pasábamos, dado que desde la tarde preparabamos la cena y nos quedabamos jugando y hablando con ellos. También organizamos misas, dimos algunas “clases” (más que clases eran charlas) de catequesis. En alguna de ellas, también haríamos el típico partido de fútbol en la altura, contra gendarmería y los chicos. No recuerdo el resultado, sólo que uno se agitaba un poco a más de 4.000 metros de altura.

Casira era nuestro destino final, dado que era la escuela que veníamos apadrinando desde hace 18 años en aquel momento. Cuando llegamos, nos sorprendimos gratamente de que era una de las más avanzadas y con más recursos. De hecho, tenían ganado ovino (ovejas), e inclusive una de las donaciones que pudimos hacer con el esfuerzo de toda la escuela, fue llevarle más ovejas. Tenían edificios de ladrillos, construídos (si mal no recuerdo) por los mismos alumnos que habían viajado en oportunidades anteriores. También hacían vasijas de todo tipo, de las cuales nos llevamos un recuerdo dado que nos regalaron a todos una de ellas.

Creando vasijas con barro en Casira, Jujuy

Creando vasijas con barro en Casira, Jujuy

Casira esta en el límite con Bolivia. De hecho, alejándonos unos metros de la escuela, encontramos el hito geográfico que divide a ambos países. Allí varios nos sacamos una fotografía (la cual no encontré por ningún lado), pero si encontré a este burro que estaba en nuestro camino.

Burro en Casira, Jujuy

Burro en Casira, Jujuy

Los chicos de la escuela de Casira se despidirían de nosotros regalándonos una canción muy emocionante, que creo que todos los que la escuchamos podemos recordarla. Y obviamente, nuestro himno nacional.

En Santa Catalina, como despedida, nos prepararían pizza casera, junto a unas cuantas canciones que tocarían los chicos de la misma escuelita.

Cena despedida en la escuelita de Santa Catalina

Cena despedida en la escuelita de Santa Catalina

Ese fue nuestro viaje misional, al cual todos coincidíamos en querer volver algún día, por la enseñanza de valores y el intercambio cultural con nuestros hermanos de otras partes de nuestro gran país. Pero siento que de alguna manera volvimos, y seguimos yendo, cuando nos llega la calcomanía de los últimos viajes a nuestros hogares como egresados, para colaborar con los nuevos misioneros.

Camino a Santa Catalina

septiembre 1, 2008

El camino a nuestro destino sin dudas era muy largo. Habíamos partido del colegio por la noche, y nuestra primer parada era en la pcia. de Santa Fe, para cenar casi a la medianoche. Una pequeña trifulca se armaría con cantos, dado que no eramos bien recibidos en el interior en cuanto se percataban que eramos porteños. Nuestro buzo insignia nos delataba con el “La Salle Flores” estampado en el pecho. Pero no pasaba a mayores.
Al otro día, almorzaríamos ya en la provincia de Tucuman, con un poco de tiempo para recorrer la ciudad. Estaríamos un rato en la plaza de la independencia, visitaríamos la casa histórica y luego continuaríamos viaje hacia nuestra próxima parada: San Salvador de Jujuy.
A medida que nos acercábamos al destino final, la altura iba en aumento. Hoy en día habiendo recorrido la ruta 40, quien bordea en gran parte de su trayecto por la Cordillera de los Andes, la escolta desde Jujuy hasta la provincia de Santa Cruz, en El Calafate.
En San Salvador de Jujuy comenzaríamos a ver la realidad de nuestro país. Corría el año 1996 y la recesión se hacía sentir, más que nunca en el interior de nuestro país. Las calles del centro de San Salvador de Jujuy se veían inundadas por tenedores libres, todos de un mismo dueño (coreano). La primer noche la habíamos pasado en el micro, mientras viajábamos. La segunda noche la pasaríamos en un cuartel de Gendarmería, que nos prestaba sus camas para que nosotros descansemos. Una noche muy divertida por cierto, dado que eramos alrededor de 40 durmiendo en el mismo ambiente, con camas marineras de metal, en un cuartel de gendarmería! Eso sí, por la mañana, no nos salvaríamos, ya que bien temprano escucharíamos la trompeta (o no se que instrumento era), que llamaba a que los gendarmes se levanten, al igual que nosotros.

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Camino a La Quiaca - Ruta 40

Y ya era el segundo día de viaje. Nos dirigíamos a La Quiaca, antes pasaríamos por Purmamarca y conoceríamos también la Quebrada de Humahuaca. Nuestro viaje no era sólo misional, sino que nos permitiría también conocer la cultura y algunos destinos turísticos que siempre son reconocidos dentro del norte de nuestro país. En Purmamarca pasaríamos por el cerro de los siete colores, y también su Iglesia y el centro del Pueblo.

Vista desde el Hotel de Humauaca

Vista desde el Hotel de Humauaca

 En Humahuaca almorzaríamos en un hotel donde unos músicos regionales nos deleitarían con, entre otras canciones, “el carnavalito”, conocido de nuestras clases de música y de coro.
Hasta el momento, nuestro transporte hasta La Quiaca era nuestro micro, con el que habíamos partido desde el colegio. Una vez llegados al hotel de La Quiaca, donde pasaríamos nuestra tercer noche, cambiaríamos de transporte. De ahí en más, nuestro vehículo sería un Unimog de Gendarmería (esos camiones verdes típicos que todos alguna vez hemos visto). Debíamos envolver nuestros bolsos y equipaje con bolsas de residuos negras, para ser transportadas también en el vehículo, para evitar que el polvo entre entre la ropa. Viajamos todos en la parte trasera del Unimog, tapados con pañuelos, gorros, pasa montañas, lentes, y todo tipo de tela que evite que el polvo entre en nuestros ojos. El camino de ahora en más era sinuoso, de tierra, con pendiente.
En La Quiaca la altura ya se hacía sentir. La altura era de casi 3.500 sobre el nivel del mar (3.442), y algunos ya la sentíamos. Particularmente mis ojos estaban un poco saltones, con algún que otro pequeño derrame. Pero era más que normal, a medida que nos adaptabamos, la altura no se notaba. De hecho, terminamos jugando al fútbol a más de 4.000 metros de altura (y la pelota doblaba). No obstante, llamar a casa aliviaba los síntomas.

Viaje Misional a la Frontera (18º)

julio 26, 2008

Era el año 1996. Nuestro colegio organizaba año tras año la misión a las fronteras. De hecho hoy en día lo sigue haciendo. Por aquel entonces bajo el nombre de “Instituto San José de Flores Hermanos de La Salle”.

Hoy el espíritu lasallano sigue presente en nuestra escuela, a pesar de no pertenecer más (entiendo) a dicha misión.

Todos los años, los chicos de cuarto año de la secundaria, son los encargados de llevar todo tipo de donaciones a las escuelitas que nuestro colegio apadrina (o ex para mí, dado que egresé hace casi doce años del La Salle Flores). En su momento, eran alrededor de 10 escuelitas muy humildes a las cuales llevamos todo tipo de ayuda, inclusive participamos dando charlas y pequeñas clases a los chicos durante nuestra estadía allá.

Esta fue nuestra insignia, hecha en Corel Draw, recuerdo que siempre debía contener al origen y destino del viaje en su diseño, las dos banderas (argentina y papal), y obviamente el nombre del viaje. Tongas me ayudó a terminar de diseñarla en la computadora.

Calco 18º Viaje Misional a la Frontera

Calco 18º Viaje Misional a la Frontera

El esfuerzo de toda la escuela es el que llevan en representación los alumnos de cuarto año, y es el año previo al viaje de egresados. Muchos de los que volvimos, dijimos que preferíamos tener otro viaje misional en lugar de un viaje de egresados en quinto año. Fue tal el impacto a nuestros 16 / 17 años de vivir esa experiencia, que nos marcó para toda la vida. Y cuando digo marcar, no hablo de dolor, hablo de enseñanza. La pobreza la tenemos en todos lados, ni bien salimos de nuestro hogar podemos encontrar pobreza lamentablemente. Pero lo que vivimos y compartimos en Jujuy, en los “bordes” de nuestro país no sólo fue ver lo humildemente que sobreviven otros argentinos, sino ver también la dignidad que tienen. Maestros que caminan kilómetros por las mañanas frías entre cerros, para poder llegar a una escuelita y darle clases a nenes que sólo los tienen a ellos.

Me pregunto porqué me remonto doce años en el tiempo, y les cuento esto. La verdad que todos los que hemos tenido la oportunidad de hacer este viaje, lo tenemos como un recuerdo y una enseñanza para nuestra vida. ¿Y quien de nosotros no querría volver? Nadie. Luego, antes de seguir cuestionando el porqué de contar algo de este viaje, pensé que si lo estaba haciendo (escribiendo) es porque sentía y tenía ganas de contarlo. De que alguno de mis compañeros de viaje que no veo desde que dejamos la secundaria, algún día de con este blog, y pueda también recordar esos momentos. Y dejar aún más comentarios del viaje. Quien sabe.

Van las primeras fotos (y las pocas que tengo en formato digital por ahora). Abrazos.

Cerro Siete Colores en Pumamarca

Cerro Siete Colores en Pumamarca

En Humahuaca, con Mauro

En Humahuaca, con Mauro